FRASE

“Sacudirse la rutina de la percepción ordinaria, poder contemplar durante unas horas eternas el mundo exterior e interior, no como lo percibe un animal obsesionado por las palabras y conceptos, sino como los aprehende directa e incondicionalmente la Mente libre…, es ésa  una experiencia de valor incalculable para todo ser humano”.

                                                                           Aldous Huxley

 

COMENTARIO  (Consideraciones sobre la observación)

En el aprendizaje de cualquier materia nos servimos de lo que podríamos denominar “procesos de información”; y para ello, al menos en occidente, tratamos de utilizar fundamentalmente la memoria, el razonamiento lógico, la deducción, etcétera; usando como “técnicas” la explicación, la repetición, el argumento, la demostración, la prueba o el análisis de aquello que se pretende aprender. Todo esto está muy bien, y es necesario para la adquisición de conocimientos, para llegar a la comprensión de lo que desconocemos.

 

Sin embargo, la actitud fundamental para conseguir el fin que pretendemos, es decir, llegar al conocimiento total -o más aproximado posible- de cualquier cosa, ya sea un objeto o una idea, para conocer la realidad exterior o, incluso, nuestra propia realidad, la actitud para lograr esto, es la actitud de observar; la pura, llana y simple observación.

 

Esto podría parecer demasiado simple, tal vez demasiado ingenuo, porque todos observamos las cosas y nos parece que ya están vistas, y que mirándolas más no vamos a conseguir verlas mejor ni aprender más.

 

Consideremos la observación, por ejemplo, en el campo de la Ciencia: lo primero, el punto de partida de cualquier descubrimiento consiste siempre en observar, en mirar aquello que es el objeto de nuestro estudio.

 

Observando el paso de la luz a través de un prisma, Isaac Newton hizo uno de los más grandes descubrimientos: ¡el color no es una propiedad de la materia, sino de la luz! Luego vendrían las teorías y a esas franjas que componen el espectro luminoso se las denominará “longitudes de onda” y se medirán en micrones, etcétera. Pero al principio se trata de ver.

 

Galileo llegó a la conclusión de que la Tierra es un planeta que gira alrededor del Sol, y no al contrario, observando el firmamento con un rudimentario telescopio que él mismo fabricó; y así podríamos enumerar muchos de los grandes logros que la Ciencia ha ido consiguiendo a través del tiempo.

 

Las insustituibles “herramientas” que utiliza la Ciencia, como los telescopios y los microscopios son objetos diseñados y creados exclusivamente con este propósito. Más tarde se elaborarán las teorías, las formulaciones…, se harán deducciones y se sacarán conclusiones, pero siempre sobre la base de lo observado.

 

En el ámbito del Arte, especialmente en la representación plástica o pictórica, es la observación la que fundamentalmente interviene. La atención como mecanismo de descubrimiento.

 

La observación sin condicionamientos preestablecidos, sin establecer conceptos. Por ejemplo: yo contemplo un árbol a una hora concreta de la mañana; si centro mi atención, percibo una determinada forma que sólo se aprecia desde un lugar determinado; un aspecto, unos colores y una luminosidad que sólo se dan en ese momento del día, un específico contraste con el entorno, etcétera. Y en ese momento no es necesario, ni siquiera, pensar en la palabra “árbol”; aquí no intervienen las palabras ni los conceptos. Estoy aprendiendo a percibir la realidad que observo tal como es, tal como se presenta ante mí, con toda su fuerza y su belleza.

 

La observación puede ser, también, una forma de profundización y, a la vez, de relación con lo observado.

 

Utilizada en la meditación o como elemento de trabajo interior, puede dirigirse sobre contenidos no físicos, es decir, sobre sentimientos o estados de conciencia, como pueden ser el amor, el bien, la belleza, la armonía, la paz…; evocando y despertando este sentimiento en nosotros hasta conseguir, con esta observación interior, un extraordinario poder de penetración en el contenido de la realidad que cada sentimiento posee.

 

Como vemos, hay formas muy distintas de dirigir la observación, según se aplique a la Ciencia, al Arte o al propio desarrollo interior, pero en todos los casos constituye un elemento fundamental, esencial, para llegar a un conocimiento que, invariablemente, nos acerca más a la Realidad.

 

No sería, por tanto, muy acertado subestimar el acto de observar por su “elementalidad”, más bien supone un aporte esencial, tanto para el ejercicio de la razón, como para el desarrollo de nuestras capacidades innatas, aquellas que tenemos en potencia, pero cuyo crecimiento siempre dependerá de cómo las ejercitemos.

 

¡Cuántas veces hemos estado delante de algo realmente bello -ya sea un lugar, un rostro o una obra de arte- y nos ha pasado totalmente inadvertido! Hemos estado ajenos a la calidad intrínseca de las cosas, sea ésta su aspecto exterior o el encanto que de ellas emana.

 

Esta potenciación de la capacidad de observar nos proporciona una posibilidad extraordinaria de aprender, disfrutar y crecer más, y hacerlo además, con toda naturalidad.