FRASE

“No debes juzgar las cosas por su apariencia”

Mary Poppins

 

 

COMENTARIO

Ayer, junto a mi nieta Sara, pude ver por enésima vez la excepcional película de “Mary Poppins”.

 

Y he vuelto a considerar el enorme valor didáctico que esta película, aparentemente infantil, tiene, tanto para los niños como para nosotros, los que ya hemos cumplido algunos años.

 

Ambientada en Londres entre el final del siglo XIX y principios del XX, muestra, en primer lugar, el valor de una mujer (la señora Banks) que se manifiesta abiertamente, incluso con el riesgo de ir a la cárcel, contra la tendencia a minusvalorar a las mujeres que, por razón de su sexo, son discriminadas,  reivindicando sus derechos en una sociedad en la que les estaba negado, incluso el derecho al voto.

 

En segundo lugar, vemos a un hombre (Bert) cuya sencillez y humildad le llevan a desarrollar su sentido de la belleza y su capacidad artística con los más rudimentarios instrumentos musicales… o con unas tizas de colores con las que pinta unas hermosas escenas en el suelo a la entrada del parque… o, también, a realizar los más sucios y humildes trabajos como el de “deshollinador”, con la mejor disposición y la mayor alegría, a pesar de su humilde condición.

 

Cuando Mary Poppins, utilizando su particular magia, les ayuda a los niños a recoger y ordenar la ropa y los juguetes en las habitaciones, les está mostrando cómo las tareas domésticas habituales no tienen por qué ser pesadas y aburridas, pueden convertirse en algo gratificante y divertido si las abordamos como si de un juego se tratara.

 

En otra de las escenas, podemos ver cómo Mary Poppins, con un frasco de jarabe para los resfriados,  llena las cucharillas de los niños (Jane y Michael), y la suya propia, apareciendo el jarabe, de un sabor y un color distinto en cada una de ellas.

 

Aún teniendo, los remedios, un origen común, cada uno recibe lo que necesita, lo que le es propio (menta, fresa o ponche). Exactamente igual que lo hace la Naturaleza. Un mismo rayo de sol se muestra rojo en un tomate, verde en una lechuga o amarillo en un plátano… aunque la luz es la misma.

 

El efecto terapéutico y liberador de la risa, simbolizada, en este caso, por la “enfermedad” del tío Albert, que es capaz de elevarse del suelo (es decir, elevarse de los ensombrecidos y taciturnos gestos humanos), mostrando, también, su benéfico poder de contagio a todos cuantos están a su alrededor.

 

El sentido de la solidaridad o el compromiso con los más débiles se refleja en el deseo de los niños de utilizar su escaso dinero, los únicos dos peniques que tienen, para dárselos a una mujer anciana que da de comer a las palomas sentada en la escalinata de la Catedral (símbolo de espiritualidad… de algo santo), incluso en contra de la opinión de su padre, el ordenado y pulcro señor Bank.

 

En el episodio del Banco descubrimos la ambición, la codicia, incluso la rapiña de los poderes financieros (algo tan habitual en nuestros días), capaces de despojar a unos niños de sus escuetos dos peniques con el único propósito de seguir aumentando su ya inflado capital.

 

Cuando los niños huyen asustados, vuelven a su casa acompañados de Bert, éste, se dispone, por la insistencia de la señora Bank, a limpiar la chimenea; y cuando Michael sujeta la escobilla en el tiro de la campana, sale impulsado hacia los tejados de la ciudad; luego hacen lo mismo Jane, Bert y Mary Poppins. Desde esa privilegiada posición contemplan una espectacular escena imposible de percibir desde cualquier otro lugar. ¡La belleza de una puesta de sol, desde la perspectiva de los más altos tejados de Londres!! (Tal vez, para apreciar la belleza en toda su plenitud, sea necesario elevarse a lo más alto de nuestra propia consciencia).

 

Y por último, la reacción del señor Bank ante su degradación y el cese de su empleo en el Banco, después de toda una vida de servicio. En vez de llegar a su casa deprimido y apesadumbrado; ahora que lo ha perdido todo, con una nueva disposición y un nuevo gesto de acercamiento a sus hijos, repara la cometa deteriorada de estos y se dirige al parque, para disfrutar con ellos y con su mujer, haciéndola volar de nuevo. Allí se encuentra con sus viejos compañeros, los consejeros del Banco, que le comunican la dulce muerte que tuvo su padre y director de la entidad… y la feliz reincorporación a su recientemente perdido puesto de trabajo.

 

Y aquí está la gran lección: “la felicidad no viene cuando las cosas van bien, sino que, las cosas van bien cuando se es feliz”.

 

Todo ello “sazonado” con una serie de bellas canciones en la extraordinaria voz de Julie Andrews.

 

Volved a ver, si tenéis ocasión, esta magnífica y pedagógica película donde se ponen de manifiesto los más elementales valores para la convivencia y el desarrollo personal de los niños.