POEMA

“Si nadie sabe ni por qué reímos ni por qué lloramos;

Si nadie sabe ni por qué vinimos ni por qué nos vamos;

Si en un mar de tinieblas nos movemos,

¡A lo menos amemos!

¡Quizá no sea en vano!”.

Amado Nervo   (poeta)

 

COMENTARIO

Ante estas existenciales preguntas: ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?, ¿qué hago aquí?, ¿qué sentido tiene todo?… a veces tratamos de encontrar alguna respuesta racional, pero las respuestas se nos escapan una y otra vez; miramos sin ver, escuchamos sin oír. Cuando queremos ir más allá  entramos en una zona de sombra donde, en todo caso, sólo la intuición o la fe nos inducen a caminar.

 

Pero, en tal situación, percibimos como una luz, como una fuerza extraordinaria, nuestra propia capacidad de amar, y la percibimos con tal potencia que nos parece que no hay nada comparable en el mundo. Así es como lo percibió el jesuita francés Teilhard de Chardin, al decir: “el amor es la más poderosa y aún más desconocida energía en el mundo”.

 

Tal vez, esta sea la postura de inicio, el punto de partida. Aun sin “ver”, sin entenderlo todo, podemos percibir en esta “capacidad de amar” un sentido y una dirección. Un sentido y una dirección que se nos presenta como algo universal, que no está delimitado por una religión o una filosofía, sino que surge de dentro hacia fuera, no es una idea, no es algo que se nos imponga desde el exterior, no es algo que esté sujeto al tiempo o al espacio; se nos presenta, más bien, como el germen, como la realidad capaz de contrarrestar todos los sentimientos negativos que han degradado el mundo (el odio, el rencor, el desprecio, las guerras, la venganza, el terror… etcétera) y que nos ha sumido, también, en una degeneración como seres humanos.

 

Esta forma de entender el amor constituye, también, el centro desde el cual podemos proyectar nuestra vida, hacia una dimensión trascendente, como el eje, en torno al cual todo se coloca en su lugar.

 

Otro ilustre poeta (Pablo Neruda), viene a ratificar las palabras de Amado Nervo de esta forma, a modo de conclusión:

 

“Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida”.