La vida familiar está plagada de acontecimientos, algunos alegres, otros no tanto. En cualquier caso, llena de acontecimientos que aportan experiencia vital. Como dijera E. Mounier, “el acontecimiento debe ser nuestro maestro interior”. Pero, entre todas, hay una experiencia triste y difícil en el ámbito familiar que aparece cuando el cáncer entra en casa.

 

Angustia, misterio y miedo son, como mínimo, los primeros signos que en el devenir de los acontecimientos se asocian con los síntomas, acaso más médicos. Pensemos en una situación concreta: el cáncer de mama.

 

 -“… llevo unos días en que me noto un “bultito”- . Esta puede ser una forma de comienzo. Ella, mamá, que conoce bien su cuerpo, se acaba de dar cuenta que aquello no es normal e intuye lo peor. Preocupación repentina y creciente que comparte finalmente con la familia.

 

Todos los proyectos quedan ensombrecidos. La angustia, el miedo y la preocupación se ciernen sobre cada uno, a la vez que se contestan – ¡seguro que no es nada!-. En tiempo récord se pone en marcha todo un proceso para conocer el diagnóstico y, buceando entre las sombras y luces de la incertidumbre, se confirma lo que ella temía e intuía: es cáncer.

 

Podría haber sido un bulto sin importancia o un quiste benigno,  pero no: es cáncer, y requerirá de tratamiento quirúrgico y quimioterapia. El llanto y el proyecto de vida trastocado, nos colocan en un camino de duelo en el que habrá que afrontar un nuevo tiempo, donde se pondrá a prueba la madurez personal y familiar.

 

¿Cómo es posible? ¿Por qué a mí? ¿Qué he hecho yo? ¿Qué va a pasar ahora?

Muchas preguntas, escasas respuestas. Desde el miedo todo ser humano percibe cómo su camino vital se estrecha, se angosta y de ahí la angustia, con todo su cortejo de signos y síntomas.

 

Ella no está sola, la familia comienza a cobrar protagonismo -ese lugar donde los problemas que no se resuelven, se “disuelven”-. Aceptar, comprender, afrontar son verbos cuya conjugación en familia permite ampliar el camino. Ya no es tan estrecho si caminamos juntos. Familia, médicos y amigos están cerca y ella dice –“creo que soy capaz de hacer frente a esta situación”.

 

Como suele ocurrir en la vida, nuestra fuerza no se nutre sólo por lo que somos capaces de comprender, sino también por lo que creemos. Los conocimientos nos permiten ir avanzando por la vida, creer, en cambio, es otra forma de conocer qué nos instala y ubica en ella.

 

El tratamiento médico y la tecnología van cumpliendo su misión. Mientras tanto, la familia ha descubierto lo mejor de sí misma: apoya y ayuda con su compañía, aporta motivación, cariño y estímulo. Así, todos van conformando un puzzle, el que dibuja la palabra solidaridad, aquella que tiene que ver con lo sólido, con aquellos que asumen no sólo una respuesta tibia, educada y parcial, sino con los que asumen la responsabilidad de estar y acompañar durante todo el camino.

Entonces, ella percibe que este viaje es posible -¡otras han sido capaces de hacerlo y lo han conseguido!

 

El cáncer puede afectar a uno de cada tres hombres y una de cada cuatro mujeres a lo largo de la vida. En España se diagnostican alrededor de 208.000 cánceres cada año (14,1 millones en el mundo), de los que 27.182 fueron de mama en 2012. Hoy hablamos no sólo de una mayor supervivencia en el cáncer de mama, sino también de curación. Las nuevas tecnologías y los avances biomédicos lo han hecho posible, y así seguirá siempre que nuestra cultura sanitaria entienda la importancia trascendental del diagnóstico precoz.

 

Transcurrido cierto tiempo desde el diagnóstico, percibimos como se han ido poniendo de manifiesto muchas de las características que determinan y definen la dimensión intrapersonal de la madurez:

 

  • La autoestima. Saber aceptarse y asumir la propia realidad, vivir un equilibrio entre lo que soy y lo que pienso de mí mismo.
  • Contestar a las preguntas de la vida con serenidad, pues entones estarán cargadas de esperanza y exentas de des-esperación.
  • Las ilusiones y capacidades personales, forcejean en este tiempo de prueba y experiencia: suele haber momentos de desconcierto hasta que aparece la aceptación y, con ello, el descanso, alivio y confianza.
  • Surge en este tiempo el deseo de curarse como todo un proyecto vital, proyecto especial-, porque es algo más que el deseo de cumplirlo, es el que da sentido y dirección a la vida. Son razones del alma y deseos del corazón.
  • Los silencios son especiales. Llenos de elocuencia, nos cuentan muchas cosas, activan la memoria poniendo una voz muda a los recuerdos y nos alegran,- entre emociones-.

 

Es un  tiempo biográfico y no solo biológico. Se recompone la prudencia, que posibilita hacer lo que se debe en el momento oportuno y nos libera para dejar de ser víctimas.

 

Mamá se ha trasformado en una persona muy realista, sólo son problemas las cosas inevitables, el resto pueden ser afrontadas, -está cada día más fuerte-. El reposo, la pausa y el silencio que son incapaces de aportar velocidad a la vida, a cambio, permiten vivir acorde con nuestras posibilidades, sin hipotecas absurdas, disfrutando del gozo de vivir en paz. Hablar con ella es un privilegio.

 

Nuestra paciente salió adelante, vive hoy como tú y como yo, realiza con disciplina sus controles médicos periódicos. Hace mucho tiempo que dejo de ser una enferma, es solo una paciente. Disfruta de un diálogo interior tal, que es capaz de ayudar a otros muchos que están sanos y lo ignoran.

 

photo credit: Dustin J McClure via photopin