El 19 de septiembre presentamos en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid el libro «Lecciones Magistrales en Diagnóstico e Innovación, Diploma de innovación tecnológica y gestión en el laboratorio clínico [2005–2014]», en el marco del curso de la Cátedra Roche-UCM de Diagnóstico e Innovación. Se trata de una publicación novedosa, por el tema, en nuestro país. Su distribución será gratuita. A continuación, reproduzco una parte del  prólogo del libro, en el que hago una reflexión sobre la situación actual del diagnóstico por el laboratorio.

 

El progreso científico del siglo XXI transcurre determinado por el ritmo que marca la tecnología. Esta es nuestra realidad social. Una realidad que provoca el hecho de que, en un ámbito como el de la Medicina, sea difícil e improbable encontrar productos médicos que no respondan a procesos de innovación. Teniendo en cuenta que, en Medicina, el progreso científico se manifiesta, en su mayor parte, por la existencia y aplicación de nuevas técnicas instrumentales y métodos con una finalidad diagnostica o terapéutica.

 

Las pruebas para el diagnóstico in Vitro son aquellas que se realizan en el laboratorio clínico y suponen la existencia de un conocimiento diagnóstico. Son el resultado de la investigación biomédica, que junto con los significativos avances tecnológicos introducen criterios de precisión y exactitud en el diagnóstico de enfermedades, y en consecuencia, permiten no solo el diagnóstico más probable, sino también, en ocasiones, la posibilidad de prevención de enfermedades o la asignación del tratamiento más adecuado. No debemos olvidar que la palabra diagnostico encierra, en su origen etimológico, las capacidades de distinguir y conocer, diagnostikos, “a través del conocimiento”.

 

Es elemento fundamental del acto médico y sanitario, directamente relacionado con los criterios y decisiones terapéuticas, por ello la gran importancia y responsabilidad que implica la prevención de posibles errores en el manejo e indicaciones de las pruebas de laboratorio. El diagnostico resulta de la experiencia profesional del médico, tanto como de la calidad y cantidad de las pruebas complementarias utilizadas, constituyendo lo que denominamos razonamiento clínico.

 

La investigación científica se fundamenta en la observación sistemática de fenómenos naturales y supone el descubrimiento de una ley natural hasta ese momento desconocida. Una ley que por evidencia lógica se conforma en un Saber. La acumulación de hallazgos o saberes relacionados entre sí y ordenados convierte la Ciencia en un cuerpo de conocimientos sistematizados en el que para conocer más, ha de investigarse más y para indagar más acerca de algo, ha de superarse el concepto de observación natural. De esta manera y conforme a esta necesidad investigadora, la técnica se introduce en el método científico, y los productos técnicos; ya sean bienes, servicios, métodos o procesos; procuran y permiten el descubrimiento de nuevos conocimientos que solo pueden ser “observados” (en la actividad investigadora) mediante la aplicación de técnicas.

 

Surge así una dependencia entre Ciencia y Técnica. Dependencia, que se define por el hecho de que para conocer y descubrir nuevos saberes, han de inventarse procedimientos técnicos; y para inventar métodos técnicos, ha de adquirirse un conocimiento racional previo. Esta realidad científico-técnica o tecnicocientífica ha supuesto la esperada superación de la “observación”, y en consecuencia ha posibilitado dar continuidad a la trayectoria progresista del conocimiento científico, ha permitido la adquisición de nuevos conocimientos, imposibles de alcanzar sin la incorporación de técnicas al método científico de la investigación. Esta superación comporta una nueva forma de conocer caracterizada por el acto de ceder a la invención un lugar en el método científico.

 

La medicina del laboratorio basada en la “observación” de la evidencia combina los conocimientos científicos de epidemiologia clínica, estadística, ciencias sociales, informática, bioquímica, biología molecular y ciencia médica con el conocimiento que versa sobre las características analíticas y diagnosticas que presenta cada prueba analítica desarrollada en el laboratorio clínico a fin de obtener una evidencia mayor.

 

 

La superación del concepto de observación natural

Un criterio (este de la evidencia) requerido hoy en la toma de decisiones complejas de carácter diagnóstico y terapéutico. Así lo pone de manifiesto el Comité de Medicina de Laboratorio Basada en la Evidencia (MLBE) de la Federación Internacional de Química Clínica y de Medicina de Laboratorio (IFCC) que considera la evidencia conocida y descubierta, gracias al laboratorio clínico, como el resultado de la recogida sistemática y evaluación critica de la información proporcionada por los principales estudios de investigación diseñados para responder a preguntas específicas referentes a: el diagnóstico, el cribado, la monitorización y el pronóstico de las enfermedades, permitiendo, de esta manera, la toma de decisiones.

 

En este sentido los análisis clínicos para el diagnóstico y la investigación, la medicina de laboratorio, son un claro ejemplo de la superación del concepto de “observación natural”, ya que la prueba analítica permite el diagnóstico de enfermedades en algunos casos no diagnosticables mediante la exploración médica u observación de la sintomatología del paciente. El laboratorio se fundamenta en una clara alianza tecnicocientífica, método de conocimiento innovador, que contribuye a cuidar la salud.

 

Pero la innovación que tiene lugar en el laboratorio clínico solo es y será posible si atendemos de forma adecuada, la importancia del capital humano, los profesionales que lo hacen posible. Diagnostico e Innovación, son las palabras “mágicas” de nuestro tiempo, mucho más en la medicina de laboratorio, pero no debemos olvidar que la historia de la ciencia nos cuenta con tozudez, que estas palabras estarán vacías, huecas, si no se nutren en la mente de profesionales sanitarios observadores, la observación implica y exige, examen detenido, estar atento, advertir, capacidad para detectar y asimilar la información, incluso la de registrar los hechos utilizando instrumentos.

 

A manera de anécdota, cuando al profesor Sydenham le preguntaron por el libro de medicina más recomendable, aconsejaba: “lea El Quijote”. Probablemente sea por la extraordinaria capacidad de autobservación de D. Miguel de Cervantes que con 53 años se describe:

 

“Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata que ha veinte años que fueron de oro; los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y esos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande ni pequeño; la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas y no muy ligero de `pies. Éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y Don Quijote de la Mancha… Llámase comúnmente MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA”.

 

Esto es, amigo lector, lo que hemos pretendido en este texto, lecciones que recogen las observaciones, experiencias y conocimientos de quienes ejercen las ciencias del laboratorio clínico, el saber, y lo comparten con todos nosotros, para ser, sencillamente mejores.