Hace poco más de un mes, apareció publicado un artículo de gran interés que pone de manifiesto la interacción entre ciertos aspectos del estilo de vida y el desarrollo de diferentes tipos de tumores. Se trata del artículo titulado “Adiposity and cancer at major anatomical sites: umbrella review of the literature” firmado por varios autores de diferentes centros de investigación del Reino Unido. El artículo se incluye en el número 356 de la revista British Medical Journal de fecha 28 de febrero de 2017.

 

No cabe duda de que la obesidad representa una “epidemia” que ha aumentado de manera dramática a lo largo del tiempo en países desarrollados fundamentalmente. La Organización Mundial de la Salud (OMS), en un comunicado emitido en junio de 2016 alertaba sobre este dato, afirmando que desde 1980, la obesidad se ha más que duplicado en todo el mundo. Adicionalmente, en el año 2014, más de 1900 millones de adultos de 18 o más años tenían sobrepeso (39% de la población mundial adulta), de los cuales, más de 600 millones eran obesos (13% de la población mundial adulta). La incidencia es similar en hombres y en mujeres. Por otra parte, este mismo organismo alertaba de que en el año 2014, 41 millones de niños menores de cinco años sufrían de sobrepeso o eran obesos.

 

La obesidad y el sobrepeso tradicionalmente se han asociado a países con una elevada renta per cápita, si bien esta situación se está ampliando a países con ingresos más bajos, donde se observa una asociación cada vez más evidente con los entornos urbanos. A modo de ejemplos, la obesidad y el sobrepeso se han duplicado en niños africanos (pasando de 5,4 millones en 1990 a 10,6 en 2014), o que casi la mitad de los niños obesos o con sobrepeso vivían en Asia en 2014.

 

De manera complementaria, la OMS, a través de su “Informe sobre la situación mundial de las enfermedades no transmisibles”, publicado en 2014 citaba la detención de la obesidad y la diabetes como uno de los retos de los países miembros para el año 2025.

 

La obesidad, entendida de una manera simplificada como un desequilibrio a nivel energético entre calorías ingeridas y consumidas, está provocado fundamentalmente por dos situaciones: por un lado el incremento en el consumo de alimentos con un alto contenido calórico y ricos en contenido graso y por otro lado, en un aumento generalizado del sedentarismo motivado por un descenso en la actividad física como consecuencia de cambios en el estilo de vida que promueven la inactividad física, sobre todo en entornos urbanos.

 

La obesidad, por otra parte, se asocia al desarrollo de una gran cantidad de patologías, entre las que destacan las enfermedades cardiovasculares (principal causa de muerte en 2012), la diabetes, los trastornos del aparato locomotor y algunos tipos de cáncer. Es decir, la obesidad actúa como un factor que incrementa el riesgo de padecer estas patologías.

 

Por otra parte, el cáncer es el resultado de una combinación de factores genéticos y ambientales que en determinados casos convergen en la transformación de células normales en células tumorales que no responden a los mecanismos de control y regulación sufriendo un crecimiento celular descontrolado asociado a una pérdida de sus funciones biológicas.

 

A pesar de que la existencia de una gran cantidad de artículos científicos publicados sobre el cáncer y los procesos que subyacen en su desarrollo, todavía quedan muchos interrogantes por elucidar. En este sentido, el artículo comentado analiza de una manera sistemática el papel de la obesidad como factor de riesgo en el progreso de diferentes tipos de cáncer.

Los autores del trabajo han realizado una revisión sistemática de otros artículos de revisión y de metaanálisis en los que se evaluaba la asociación entre índices de adiposidad y riesgo de cáncer. De la revisión de la literatura científica en bases de datos bibliográficas los autores seleccionaron 49 artículos que incluían un total de 204 metaanálisis que sintetizaban más de 2000 estudios individuales de 507 cohortes únicas o estudios de caso-control. De una manera resumida, los trabajos que revisaron incluían la asociación entre 7 índices de adiposidad y el desarrollo de 36 tipos diferentes de cáncer.

 

A pesar de que los trabajos revisados son diferentes y con características metodológicas propias, los autores encontraron que en el 77 % de los metaanálisis se mostraba una influencia del efecto de la obesidad sobre la incidencia y mortalidad del cáncer. Con el fin de agrupar los grados de asociación entre obesidad y cáncer los autores establecieron las siguientes 4 categorías para diferenciar los grados de evidencia de asociación reflejadas en los diferentes trabajos: evidencia fuerte, altamente sugerente, sugerente y débil. Esta clasificación se realizó en función de la fuerza y validez de la evidencia.

 

Los resultados mostraron que solamente 12 metaanálisis apoyaban una evidencia fuerte, 40 se asociaban a una evidencia sugerente o altamente sugerente y 19 a una evidencia débil.

 

Respecto de los resultados con una fuerte evidencia, los autores observaron que el índice de masa corporal y la ganancia de peso en la edad adulta fueron las principales variables de obesidad asociadas al riesgo de cáncer. En la tabla siguiente se muestra un resumen de los resultados encontrados en esta asociación de incremento del riesgo:

 

 

Índice de adiposidad Tipo de cáncer
Índice de masa corporal Adenocarcinoma de esófago.

Cáncer de colon (hombres).

Cáncer de recto (hombres).

Cáncer del tracto biliar.

Cáncer de páncreas.

Cáncer de endometrio premenopáusico.

Cáncer de riñón.

Mieloma múltiple.

Ganancia de peso en edad adulta Cáncer de mama postmenopáusico en mujeres que no han recibido nunca terapia hormonal sustitutiva.
Relación de cintura – cadera Cáncer de endometrio.

 

Según este estudio, el incremento del riesgo de desarrollar cáncer por cada 5 kg/m2 de aumento de índice de masa corporal oscila entre el 9% para el cáncer colorrectal en varones y el 56% en tumores del tracto biliar. De igual manera, se observa un incremento del 11% en el riesgo en tumores de mama en mujeres postmenopáusicas que nunca han recibido terapia hormonal sustitutiva por cada 5 kg de peso ganado. Por otra parte, un incremento de 0,1 en la relación entre cintura y cadera incrementa un 21% el riesgo de cáncer de endometrio.

 

Estos resultados son coincidentes en parte con los publicados por organismos internacionales de referencia en el estudio del cáncer. Por un lado, el Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer (WCRF), a través de un informe publicado en 2007, publicó una relación de 7 tipos de cáncer cuya evidencia se puede asociar de una manera convincente con la obesidad (adenocarcinoma de esófago, cáncer de páncreas, colorrectal, mama en mujeres postmenopáusicas, endometrio, riñón e hígado). Por su parte, la Agencia Internacional de Investigación en Cáncer (IARC) encontró evidencia suficiente en 13 de 24 tipos de cáncer estudiados (adenocarcinoma de esófago, cáncer de estómago, colorrectal, hígado, vesícula biliar, páncreas, mama en mujeres postmenopáusicas, endometrio, ovario, riñón, meningioma, tiroides y mieloma múltiple).

 

De la valoración de los resultados de los tres estudios (WCRF, IARC y el de este comentario) se observa que son coincidentes en 6 tipos de cáncer (adenocarcinoma de esófago, cáncer de colon, recto, páncreas, endometrio y mama en mujeres postmenopáusicas). Los autores del estudio asumen que entre diferentes estudios puede haber cierta heterogeneidad así como ligeras diferencias en los métodos de análisis que justifiquen diferencias entre diferentes estudios.

 

En cualquier caso, los autores concluyen con el hallazgo de una asociación fuerte entre diferentes índices de obesidad y 11 tipos de cáncer que principalmente están relacionados con tumores del aparato digestivo y con neoplasias hormonales en mujeres.

 

No cabe duda de que el cáncer es una enfermedad compleja que en numerosos casos adquiere el carácter de multifactorial, donde concurren tanto aspectos genéticos como ambientales y de estilo de vida, incluso en algunas publicaciones se incluye el azar como uno de los principales factores de riesgo. En cualquier caso, a pesar de que el estudio comentado tiene interés desde el punto de vista epidemiológico la interpretación de las situaciones particulares debe manejarse con cierta cautela ya que las cifras estadísticas de los grandes números no siempre explican lo que sucede en casos particulares. No obstante, y habida cuenta de las evidencias que, a nivel epidemiológico, existen entre la asociación de obesidad y cáncer (junto con otras patologías) y teniendo en cuenta que la obesidad es una enfermedad prevenible y tratable y que constituye un problema de salud importante a nivel mundial se pone de manifiesto la importancia del estilo de vida como factor de riesgo modificable en el desarrollo de este tipo de patologías. Adicionalmente, el aumento del conocimiento en este campo puede ayudar a identificar pacientes de riesgo con el fin de poder aplicar estrategias de tipo preventivo que ayuden a disminuir el riesgo.

 

Félix Gómez-Gallego
Facultad de Ciencias de la Salud. Universidad Internacional de la Rioja