Catorce millones de nuevos casos de Cáncer en el Mundo durante 2012…, en los próximos 20 años seguirán creciendo, hasta llegar a 22 millones. Sobre la desbordante información que esta enfermedad genera, vuelvo a revisar algunos libros y reflexiono.

 

Uno de los artículos más  influyentes sobre la comprensión de la biología del cáncer fue el de los investigadores D. Hanahan y R. Weinberg en un trabajo de revisión científica titulado “Las características que distinguen el cáncer” (The hallmarks of cancer, publicado en el año 2000), en el que contaban los rasgos diferenciales de las células cancerosas, acordes con los conocimientos acumulados hasta los inicios del siglo XXI. Decían que estas células son cancerosas cuando:

 

  • Estimulan su propio crecimiento de forma descontrolada, ignorando las señales del organismo para frenar el proceso. Sabemos que son los oncogenes y los genes supresores de tumores los responsables de este proceso.
  • Eluden los mecanismos de regulación y control del organismo que, a nivel celular, están ordenando  la autodestrucción de células anómalas o con alteraciones severas, como es el caso de las células tumorales iniciales.
  • Hacen caso omiso de los controles celulares internos (los telómeros de los cromosomas) que limitan el número de divisiones celulares permitidas.
  • Aprenden a generar sus propios vasos sanguíneos, que nutren el futuro tumor, a la vez que se alimentan de los tejidos cercanos y viajan a otros lugares del organismo dando lugar a las metástasis.

 

Estos mismos autores publican en la prestigiosa revista Cell, ya en 2011, ”Hallmarhs of cancer. The nex generation” donde aseguran que muchas cosas han cambiado desde el primer artículo. Entre ellas, aceptar que las células son entidades tremendamente complejas, cuya investigación nos lleva con frecuencia a paradojas o callejones sin salida. Algunos ejemplos los describe G. Johnson, diciendo que  los tumores no son solo un amasijo de células cancerosas, si no que entre ellas conviven células “normales o sanas”, que ayudan a la extensión y agresividad del tumor. También la genética tumoral se ha hecho mucho más compleja por cuanto las hebras de ADN pueden tener alteraciones, que no son mutaciones, pero que modifican la expresión de los genes responsables del control y vida celular. Es entonces cuando hablamos de problemas situados por “encima” de la genética y entramos en el complejo mundo de la epigenética celular (epi significa arriba o encima de).

 

El cáncer pone de manifiesto el complejo mundo informativo de la célula, y su lenguaje molecular, con ella y con su medio, incluso con las bacterias vecinas que conviven con nosotros.

 

De cualquier forma, reconocemos lo mucho hemos avanzado en estos años. Somos capaces de hablar de curación en muchas formas de cáncer y de una evolución a enfermedad crónica en otros; incluso de la personalización del tratamiento. ¡Pero queda mucho por hacer!, ya que, por ejemplo, el 70% de los fallecimientos por cáncer se producen en África, Asia y América Central y del Sur.

 

Es cierto que serán los avances de la medicina molecular quienes van a ir dando respuesta a tantos interrogantes, pero sobre todo será la cooperación de los profesionales, investigadores y pacientes quienes lo harán posible.

 

 

Para alimentar todos estos proyectos e ilusiones no es necesaria la prisa, hay que parar y pensar. No olvidemos que la investigación científica se fundamenta en la observación sistemática de fenómenos naturales y supone el descubrimiento de una ley natural hasta entonces desconocida. Ley que se conformará más tarde en “un saber”. La acumulación de hallazgos y saberes relacionados y ordenados entre sí, convierte a la ciencia en un cuerpo de conocimientos sistematizados que se retroalimentan; para conocer más, ha de investigarse más y para indagar más acerca de algo, hemos de superar el concepto de observación natural. Quizá por eso  la técnica penetra en el método científico con tanto éxito.

 

En el caso del cáncer, esta nueva realidad técnico-científica o científico- técnica permite la adquisición de conocimientos, por otra parte imposibles de alcanzar sin la incorporación de nuevas técnicas al método científico de la investigación. Vivimos una nueva forma de conocer cuando somos capaces de ceder a la invención un lugar en el método científico

 

Diagnóstico e Innovación son las palabras mágicas de nuestro tiempo en relación con el cáncer para así, desarrollar los nuevos tratamientos. Pero serían palabras huecas, si no se nutrieran en las mentes de profesionales sanitarios observadores, (la observación implica y exige, examen detenido, estar atento, advertir, mostrar capacidad para detectar y asimilar la información), y capaces de compartir la experiencia de saber, en una sociedad que necesita con urgencia de personas comprometidas, que renueven su vocación cada día ante el acontecimiento de la complejidad y la fragilidad humana.

 

Foto: By Dr. Cecil Fox (Photographer) [Public domain or Public domain], via Wikimedia Commons