A principios de este año 2015 apareció publicado un artículo en la revista Science que, a pesar de su corto recorrido, ya ha suscitado gran interés entre la comunidad científica y ha resultado, cuanto menos, controvertido y discutido por otros científicos, hasta el punto de que se pueden encontrar más de 10 comentarios en la base de datos PubMed (que comprende más de 24 millones de citas de literatura biomédica incluidas en Medline), aspecto muy poco usual o dos artículos de réplica publicados por la misma u otras revistas.

 

Se trata del artículo titulado “Cancer etiology. Variation in cáncer risk among tissues can be explained by the number of stem cells divisions” firmado por C. Tomassetti y B. Vogelstein y publicado en el número 347 (6217) de la revista Science de fecha 2 de enero de 2015.

 

El cáncer, en última instancia, consiste en un proceso de proliferación y crecimiento celular descontrolado de células que no responden a las señales de control y regulación externas provocando el desarrollo de un tumor al tiempo que la pérdida simultanea de la función biológica.

 

El término “riesgo”

Las causas y las consecuencias de estas alteraciones en los mecanismos de regulación pueden ser muy diversos y generados por diferentes agentes, de forma que el cáncer se puede entender como una enfermedad compleja y multifactorial donde confluyen diferentes aspectos de tipo genético y ambiental, que pueden intervenir en diferentes proporciones en función de los casos, de forma que de la combinación de ambos factores surge el término de “riesgo”, entendido como la probabilidad de que suceda un determinado evento.  Y precisamente, a través de este artículo, los autores tratan de definir este riesgo tratando de cuantificar la contribución de cada uno de esos factores en la valoración del concepto. Está claro que en el desarrollo de ciertos tipos de tumores existen factores de riesgo netamente asociados (tabaco, alcohol, radiación ultravioleta, etc.) y que en un porcentaje pequeño (5-10 %) existen factores de tipo hereditario.

 

Según estos autores, el cáncer no puede ser explicado en su totalidad solamente por estos dos factores e introducen una nueva variable a tener en cuenta: los efectos estocásticos asociados al número de divisiones durante toda la vida de las células madre dentro de cada tejido, es decir, el puro azar. El azar, durante los procesos de replicación del ADN durante los procesos de renovación celular; la mala suerte.

 

Los autores parten de la teoría de que el número de células existentes en un determinado tejido y el número acumulado de divisiones durante el periodo de vida pueden estar relacionados con el riesgo de sufrir cáncer, de manera que muchos cambios a nivel del genoma  ocurren simplemente por azar durante los procesos de replicación del ADN más que por efecto de factores mutágenos.

 

Estudiando 31 tipos diferentes de tejidos en los que se ha evaluado cuantitativamente la existencia de células madre, encontraron una correlación positiva entre el número de divisiones de estas células madre y el riesgo a lo largo de la vida, afirmando que el 65% de las diferencias en el riesgo de cáncer entre diferentes tejidos puede ser explicado por el número total de las divisiones de células madre en estos tejidos. Así, los tejidos con un mayor número de divisiones celulares totales (teniendo en cuenta el número de células por tejido y el número de divisiones a lo largo de la vida, en función de la duración del ciclo celular), asociados a un mayor riesgo de cáncer son los adenocarcinomas colorrectales con poliposis adenomatosa familiar y con síndrome de Lynch, seguido del carcinoma de células basales cutáneas y del cáncer de pulmón en fumadores.

 

Adicionalmente, en un intento por diferenciar los aspectos del azar de otros factores (ambiente y herencia genética), los autores definieron un parámetro denominado “puntuación de riesgo extra” (PRE) en la que incluían el riesgo a lo largo de la vida y el número total de divisiones celulares. A partir de esta herramienta establecieron dos grupos de tumores, 9 clasificados con una elevada puntuación de riesgo extra  y 22 con una baja PRE. Los de elevado PRE fueron clasificados como deterministas por su asociación con factores ambientales o predisposiciones genéticas (en este grupo incluyen los adenocarcinomas colorrectales, carcinomas de células basales, pulmón en fumadores, VHC-hepatocelular, HPV-cabeza y cuello, duodeno y tiroides). Los de bajo PRE fueron clasificados como replicativos porque indican que los factores estocásticos relacionados con errores durante la replicación del ADN se asocian más con el riesgo (en este grupo incluyen los tumores de islotes pancreáticos, intestino delgado, duodeno, osteosarcomas, médula de tiroides, leucemia mieloide aguda, leucemia crónica linfocítica, esófago, ovario y testículos o melanoma entre otros).

 

Con todo esto, los autores concluyen que los efectos estocásticos asociados con la replicación del ADN contribuyen de una manera sustancial a la incidencia del cáncer, al menos en Estados Unidos.

 

No cabe duda de que el cáncer es una enfermedad compleja que habitualmente está desencadenada por un conjunto de mecanismos y circunstancias que alteran el normal funcionamiento de las células. En cualquier caso, aunque al final entre en juego el factor suerte, no debemos olvidar que el riesgo supone la probabilidad de que ocurra un determinado suceso, de manera que cuantos mayores factores de riesgo se asuman, mayor será la probabilidad de esa mala suerte.  En este sentido, esta interpretación puede generar cierta distorsión ya que no parece muy adecuado transmitir mensajes en los que es posible deducir que si gran parte del riesgo es debido a la mala suerte, no se puede hacer nada a nivel preventivo. 

 

Félix Gómez-Gallego
Facultad de Ciencias de la Salud. Universidad Internacional de la Rioja