A continuación, reproduzco un texto que he publicado recientemente en CIAN-Revista de Historia de las Universidades. El original puede consultarse aquí.

 

 

Resumen.- La Universidad está en crisis, es la frase más utilizada hoy. Si nos atenemos al término crisis en el sentido médico “Cambio brusco en el curso de una enfermedad, ya sea para mejorarse, ya para agravarse el paciente”, otra acepción puede ser la de: “mutación importante en el desarrollo de otros procesos ya de orden físico, ya históricos o espirituales. Con estas premisas podemos  asegurar que la universidad es especialista en el padecimiento de estas crisis, su historia lo corrobora, así como la superación de las mismas.

 

Es el tiempo de recuperar la capacidad de pensar, en este caso, repensar la universidad y hacer el diagnóstico. Para ello hace falta identificar bien  nuestro tiempo, saber más y mejor su misión, visión y los valores que debe poner en juego. De manera que, aunque actuando de maneras distintas y diversas, mantenga el criterio de “universitas”, uno, como el organismo que afronta la crisis, todo el enferma y sana, para volver a retomar el que seamos una comunidad, asociación, con una meta común, que está implícita en  la palabra universidad  junto con  Universo y Universal. Volver a recuperar, reconocer y actualizar, para conjugar estos verbos en el marco de la definición dada a las primeras universidades de la historia, allá en el medievo, asociaciones de maestros y alumnos, “Universitas Magistrorum y Scholarium “.

 

Mediante el análisis sobre tres problemas y tres posibles soluciones o alternativas, queremos reflexionar sobre la universidad de hoy que mira recelosa el tiempo que está por venir. El nuevo sentido de la universidad es una necesidad en este tiempo histórico, si queremos entrar, con prudencia, en  la  nueva sociedad del conocimiento

 

Aproximación al problema.-

En el Medievo la universidad era una comunidad de maestros (corporación autónoma) y discípulos. Ya, en el siglo XIII tomó el cariz de ser, más  bien, una comunidad de profesores en París o de estudiantes en Bolonia[1].

 

“Bolonia la dotta”[2] tenía, en  la década de 1230, casi dos mil  estudiantes que procedían de toda Europa. Era una universidad con autonomía jurídica, estructura democrática, estatutos propios, privilegios fiscales y  la curiosidad añadida de que el interés y madurez de los estudiantes permitía que tuvieran la capacidad de reclutar  a un  buen número de profesores, al punto de que el profesor de Derecho Ugolino Bossia pronunciara la frase, referida a los estudiantes, “presum et subsum” (“les mando y obedezco”). Hoy, esto no parece posible, pues aceptamos la existencia de “una crisis” entre el profesorado,  de “auctoritas”, que impediría ser elegido de aquella forma.

 

Recordamos también que, en La Baja Edad Media, una de las funciones de la universidad era desarrollar el pensamiento crítico, “espíritu crítico”,  que permitió en los siglos XII y XIII la presencia de pensadores capaces de describir y comprender la ubicación del hombre de su tiempo en el contexto de  la naturaleza y la sociedad.[3]

 

En la Universidad se impartían las clases mediante  el método de “la lectio”, la lección, que se iniciaba con la lectura de un texto, era el soporte fundamental de la enseñanza. Tras finalizar, el maestro dejaba de ser lector y exégeta del texto para pasar a ser un pensador; se iniciaba así la fase de “disputatio”. Surgían entonces, en el aula, las objeciones, argumentos, propuestas y discusiones con los alumnos, ayudantes y bachilleres. La tercera fase de la lección consistía en  poner cierto orden y sentido acerca de todo lo expresado, el maestro entraba entonces en la fase de la “determinación magistral”, en la que se sacaban conclusiones,  volvían a surgir dudas y  también estímulos para el estudio, la reflexión y la investigación. Otros no hacían esto, como hoy también y dedicaban el tiempo de la lectio a proponer, incluso imponer, teorías, dogmas y doctrinas trasnochadas, alejadas del deseo de saber y capaces de desmotivar a cualquiera de los asistentes.

 

En el Renacimiento – nueva crisis universitaria –,  se quiebra la concepción medieval del mundo, surge el humanismo y la nueva ciencia, algunas universidades aceptaron el reto y otras se mantuvieron en el Aristotelismo. La universidad se nacionaliza, pierde en alguna medida  el sentido de comunidad plural y diversa, a la vez que desarrolla   extraordinarias aportaciones y nuevas actitudes ante la ciencia y el saber, merced al desarrollo  del humanismo. De cualquier forma, si comparamos con la Edad Media, se produce una cierta desvinculación entre la docencia, la enseñanza y el ejercicio de pensar desde la ciencia y la investigación, se determina una cierta distancia del docente con el trabajo colectivo de los discentes, para convertirse en una especie de “sabio solitario”[4].

 

Un buen ejemplo del cambio que provoca el humanismo renacentista puede encontrarse en la obra de Francis Bacon (1561-1626) “La Nueva Atlántida”[5] y en la que encontraríamos, a manera de ejemplo, los valores y objetivos de una sociedad -a favor de la ciencia- de aquél tiempo:  “Prolongar la vida. Recuperar en cierta medida la juventud. Retrasar el envejecimiento. Curar enfermedades consideradas incurables. Paliar el dolor (…) Aumentar y elevar el nivel cerebral (…) reforzar el poderío de la imaginación sobre el cuerpo o sobre el cuerpo de otro (…), estudiar las fuerzas de la atmósfera y el nacimiento de tempestades (…), producir alimentos nuevos a partir de sustancias que no se utilizan en la actualidad (…), hacer predicciones naturales, analizar la ilusión de los sentidos…

 

Resumimos, con el texto de R. Argullol[6] “El Renacimiento fue a la Universidad lo que las hormonas son al adolescente. La circunstancia Orteguiana que permitió identificar el yo de la universidad que nacía”. Para Argullol, la cultura monástica salió a la calle, a la sociedad, no habla sólo en latín sino también en lenguaje popular[7]. Se rompen dogmas y tabúes, porque se pierde el miedo al conocimiento.

 

En los siglos  XVII y XVIII, nueva crisis universitaria, los enciclopedistas ilustrados plantean que  la universidad, anquilosada en sus enseñanzas, se aleja de la sociedad y se convierte en  un obstáculo para el progreso. La cultura se convierte en un asunto de estado, se cierran universidades a partir de 1790 y surgen las escuelas especiales, estamos en el Despotismo Ilustrado. Resurge la universidad en  el siglo XIX, -crisis otra vez- y con Napoleón evoluciona hacia el modelo de Universidad Imperial, como servicio público y  sin autonomía, que prepara a los que serán futuros profesores y funcionarios del Estado. A la par, el modelo alemán, en 1806, decide orientar las universidades en el ámbito de la investigación y la autonomía, quiere conseguir “una sociedad de sabios que además enseña”. Entre ambos, se sitúa el modelo inglés que opta por una formación humana centrada en el  concepto de “gentleman”[8] y  que más tarde añadiría la investigación acorde con la experiencia del modelo alemán.

 

El siglo XX nos deparó nuevos cambios, algunos radicales. La universidad deja de ser burguesa, minoritaria, liberal y “apolítica” y en Europa se incorpora a una concepción y modelo norteamericano, con una organización de titulaciones[9], tan flexible y abierta a la ciudadanía, que incluye enseñanzas ajenas a las que se venían impartiendo en las universidades europeas , a manera del ejemplo norteamericano que surge  de la Ley Morril de 1862[10] .

 

Se avecinaba otra crisis, o quizá ya estábamos en ella, cuando en 1999 los ministros y secretarios de Estado europeos, responsables de la educación superior, decidieron implantar un modelo universitario único, creando el concepto y normas sobre el denominado Espacio Europeo de Educación Superior. Ello permitiría no sólo la libre circulación de estudiantes sino también de títulos y conocimientos por toda Europa. Corríamos el riesgo de crear también una especie de supermercado del saber[11], perdiendo uno de los objetivos universitarios más tradicionales “pensar e innovar”, fundamental en cualquier presente y “por-venir” universitario y sociedad que se precie. Hemos ido constatando en estos años como se homogeniza tanto el saber que, junto a escasos niveles de exigencia y falta de originalidad, nos puede estar llevando, sin retorno generacional, a  una situación  de mediocridad, en el sentido de universitarios “medianos”, que se conforman con muy poco, incluso con cierta necedad, al punto de atreverme a diagnosticar  este tipo de mediocridad como una forma de “estado aristocrático”. Puede que estemos consiguiendo un número tan exagerado de titulados universitarios, que han ido desbordando a una universidad que iniciaba esta andadura con claros signos de inadaptación institucional, alejada de la serenidad necesaria y, paradójicamente a sus objetivos, la aparición de signos de despersonalización educativa. Los alumnos pasan y pasan por la universidad, pero no la universidad pasa por ellos en forma de experiencia educativa integral. Como dijera Saramago[12]:

“La universidad es el último tramo formativo en el que el estudiante se puede convertir, con plena conciencia, en ciudadano; es el lugar de debate donde, por definición, el espíritu crítico tiene que florecer; un lugar de confrontación, no una isla donde el alumno desembarca para salir con un diploma”.

 

 

En este siglo XXI la universidad se debería plantear, de nuevo, buscar la sabiduría (“aquello que queda cuando la erudición se evapora”) como sistema de vida  y no sólo el exclusivo conocimiento técnico[13], muchas veces adulado como si fuera el ídolo de una nueva religión, “la tecnolatría”. Regresar a la búsqueda del conocimiento universal y exportable, en el que la tecnología es un magnífico instrumento, pero no el único. La universidad así creada tendrá una mayor y más adecuada capacidad de aceptación y adaptación a los nuevos tiempos que han de venir, permitiendo, sin sospechas, que la evaluación interna, externa y la eficiencia sean entonces nuevos estímulos para generar conocimiento y no sólo para “gestionarlo“. La universidad podría tener entonces el liderazgo moral,  intelectual y capacidad crítica para ser una nueva y rejuvenecida referencia social, la que corresponde a “la universidad responsable”.

 

Dentro de tanta complejidad, nos acercamos a tres problemas y soluciones de la universidad, que consideramos relevantes:

 

1.-Reconocer la existencia de la  crisis universitaria y ofrecer alternativas. Si antes citábamos el término crisis[14], ahora la palabra palindrómica reconocer, me suele traer a la imaginación y cuando se conjuga el verbo una especie de viaje circular, que dibuja una espiral[15]; voy caminando  hacia su centro, recorro el tiempo, recuerdo, reviso y actualizo, intentando diferenciar entre lo real y lo verdadero hasta llegar al punto central de la espiral, su origen. Desde allí elaboro algunas certezas y conclusiones, vuelvo sobre mis pasos y retorno al principio del camino que, entonces,   amplío aumentando un círculo más de aquella espiral. Cuando realizo este ejercicio, de “re-conocer-me“ y lo aplico a la reflexión universitaria, descubro que la espiral es mucho más compleja, tiene más dimensiones, es una hélice.

 

Mientras no paremos a pensar y analizar los problemas con detalle y perspectiva,  no podremos reconocer la existencia de esta crisis, que  no es sólo universitaria, social, financiera, espiritual o ecológica, sino que tiene el carácter de ser sistémica[16], afecta a todo el organismo. Por eso la tarea del intelectual de este tiempo le exige reconocer el nuevo escenario y realidad en la que habita. El intelectual tiene, en la universidad, la tarea y la responsabilidad de pensar y decir acerca de la complejidad de la realidad universitaria, anticiparse y  no esperar que las soluciones  vengan exclusivamente desde los cambios legislativos[17] o de un aumento en la captación de recursos económicos, craso error.

 

Por lo tanto, en primer lugar aceptemos que, al igual que en otros momentos de la historia, tenemos una nueva crisis universitaria. Aceptar  implica tener la capacidad de reconocer lo recibido, indica que estamos preparados y,  por lo tanto, lo asumimos  sin caer en la resignación.

 

 1.1.- Algunos signos y síntomas de esta crisis.- A mi juicio se podría reseñar, en la historia clínica del paciente, “universidad en crisis”, la grave pérdida de sensibilidad para detectar los cambios que se están produciendo en los procesos sociales.

 

Recordamos durante el paseo por aquella “espiral del tiempo” que, para planificar y organizar de forma adecuada la nueva experiencia educativa universitaria, necesitamos reconocer que las reformas curriculares no resultan de cambiar el listado de materias y asignaturas, o de una simple modificación de la carga lectiva. El cambio curricular de nuestro tiempo es más complejo, por cuanto es necesario modificar la estrategia educativa y planificar acciones académicas, cambiar el entorno, estilo y los objetivos del aprendizaje.

 

Según las enseñanzas y titulaciones que se imparten, será necesario considerar y reconocer los cambios sociales de nuestro momento y  circunstancia, como pueden ser, a manera de ejemplo, la estructura poblacional, la libre circulación de profesionales, las nuevas formas de ejercicio profesional y  nuevas profesiones, incluso orientar la posible demanda social de titulados.

 

La universidad debe mejorar también su sensibilidad para detectar los cambios de las organizaciones, en términos de procesos de producción, modelos de gestión, criterios de competitividad y eficiencia así como el grado de vinculación del trabajo con las nuevas tecnologías, la investigación, desarrollo y la  innovación.

 

Esta pérdida de sensibilidad es manifiesta, cuando la universidad no es capaz de identificar la complejidad de los nuevos modelos de ejercicio profesional que la sociedad va a requerir, en términos de jerarquía de responsabilidades, manejo de la incertidumbre y  grado de autonomía.

 

El verdadero significado de la excelencia universitaria, que es diferente de la igualdad de oportunidades,  es un camino que no se recorre sólo con los conocimientos sino con las habilidades, esfuerzo y dedicación propios de un grado de madurez ética y actitudes profesionales[18].

 

Como dijera el profesor R. M. Hardem[19], en el ámbito de la enseñanza universitaria en ciencias de la salud:

“Han pasado ya los días en los que el profesor producía un currículo al modo en que un mago saca un conejo del sombrero, en los que el docente enseñaba cualquier cosa que atraía su propio interés, y en los que el entrenamiento clínico de los estudiantes se limitaba a encuentros casuales con algunos pacientes durante las rotaciones clínicas. Hoy día hay que aceptar que es precisa una planificación cuidadosa si se quiere conseguir que un programa de enseñanza y aprendizaje tenga éxito”.

 

Con estas premisas, signos y síntomas, a buen seguro que la sagacidad del lector podrá elaborar un diagnóstico (di-gnóstico,” a través del conocimiento”) de la situación en que nos encontramos.

 

1.2.- Algunas alternativas.-

 

Los planes de estudio deben integrar los conocimientos en la vida, social y  profesional, es decir enseñar a “apre-hender”[20] (asimilar de forma rápida,   llegar a entender) de los errores, problemas y limitaciones durante nuestro recorrido formativo. La organización universitaria y los profesores deberían conseguir que la universidad “pase por los alumnos“ y no sólo al revés. Tener la “experiencia universitaria de conocer” debería ser una experiencia intelectual, entendida como  la tarea de pensar la complejidad  de nuestro tiempo, evitando así salir de la universidad en un estado, patológico, de “anemia experiencial” que, por lo tanto, sólo podrá desarrollar el “pensamiento débil”.

 

La evaluación se debe incorporar al proceso formativo, en términos de autoaprendizaje, debe generar madurez personal ante las dudas, incertidumbres, toma de decisiones y compromisos futuros. Así, el alumno será más que competitivo, es decir, competente, al desarrollar los hábitos de pensar y aprender, alrededor de los errores cometidos y el reconocimiento de las propias limitaciones. Será capaz de desarrollar el escepticismo constructivo, la creatividad, el pensamiento crítico, la capacidad de adaptación y sobre todo la virtud de compartir el talento.

 

Con esta nueva ponderación curricular, dirigimos nuestros objetivos en el sentido de desarrollar nuevas competencias, que incluyen conocimientos habilidades y actitudes, como un “saber hacer”, “sobre algo”, con actitudes, lo cual sólo es definible en la acción  y el trabajo diario.

 

2.- Crisis del profesorado versus actualizar el sentido de educar

 

Utilizo en este caso el término versus, no tanto en el sentido de “contradicción, enfrentamiento”, sino también en el de “ir,  dirigirse a”, incluso el de “ir y venir, dar la vuelta”, a la manera como el labrador trabaja la tierra.

 

Puede resultar un tópico decir que vivimos un tiempo de crisis de identidad y valores en la vida pública, pero no lo es tanto decir que, además, durará mucho, porque todavía seguimos descubriendo lo peor de nosotros mismos; nuestra soberbia, falta de prudencia, humildad, incluso la pérdida del sentido trascendente de la existencia.

 

Nos hemos creído que el regalo de la vida intelectual es de nuestra propiedad, cuando en realidad no somos propietarios, sino herederos, no somos súbditos, o contribuyentes, sino ciudadanos. Hemos confundido los deseos con las obligaciones, las necesidades con las responsabilidades, cambiando la alegría por placer o el anhelo de ser por la codicia de tener. Viajamos desde la egomanía a la egolatría, transformando la tolerancia en indiferencia, aportando lo imprescindible y protestando “lo suficiente”. Un esfuerzo “tan excesivo” y con tantas ocupaciones requiere, como es lógico disponer de distracciones superficiales que nos alivien y constituyan una buena coartada intelectual.

 

Por ello, opino, que muchos profesores impregnados de ansiedad,  angustia, vacío, hastío, desánimo, propios quizá de la “anemia experiencial”,  se preguntan ¿qué me pasa? La respuesta no puede ser otra que: ¡yo que sé! Quizá sea una “visión anémica” acerca del sentido y significado de la vida intelectual, quizá una pérdida de vinculación y compromiso con la verdad. Como dice el profesor Garcia-Baró [21], el hombre intelectual: “es aquel que desarrolla en sí mismo radicalmente una posibilidad humana general, vivir para la verdad, hacia la verdad, de la verdad”.

 

Por otro lado, encontramos un nuevo modelo de profesor universitario, sobre todo el vinculado a las áreas de conocimiento propias de la ciencia y la tecnología, que para ser de excelencia se esperan de él cuatro  características fundamentales:

 

– Ser capaz de construir redes de investigadores nacionales e internacionales como fundamento de su oficio; ello le permite aparecer en un elevado número de publicaciones con impacto. Es un profesor que desarrolla con éxito el Networking, cuyo control evaluador son las publicaciones y el número de veces que es citado.

– Tener  la capacidad y el arte de  captar fondos para la investigación y, así, conseguir la excelencia académica. Este Fundraising va ligado al Networking pues, siendo “cabeza de red”, se captarán mejor fondos públicos y privados.

–  Dar una gran visibilidad a todas las actividades de “su red” y estar presente en todos los foros profesionales, para demostrar que se es el mejor e  incorporado en las filas de la excelencia. En resumen, desarrollar  una estrategia de Marketing acorde con los objetivos predeterminados.

– Dirigir grandes grupos de investigación, coordinar gran cantidad de actividades y  dedicar gran parte de su tiempo a las tareas de gestión de recursos humanos y financieros. Es un profesor que realiza una importante labor de Management.

 

El resto de las actividades académicas e investigadoras se tienen que delegar en becarios, doctorandos  o profesores temporales[22]. Como relata el profesor Zuppiroli [23], los profesores descritos  ofrecen a la institución: ”su natural autoridad, su talento de gestores y la aguda conciencia de su aplastante autoridad”. No olvidemos que estos profesores que, en muchas ocasiones, son el resultado de “grandes fichajes Institucionales”,  tendrían también, entre sus responsabilidades, la de captar a los jóvenes talentos, con los mismos criterios de rigor, exigencia y competitividad ya comentados, a fin de convertirse en los brillantes profesores “NFMM “[24]de un futuro que, a mi juicio, no está bien identificado porque, sin ánimo de desmerecer este importante trabajo, puede que estemos mirando el horizonte universitario con orejeras.

 

Esta situación, tan relevante y que posibilita importante avances, tiene también su cara oculta. Me atrevo a decir que podemos caer en el error de tomar el camino único de actuar  y olvidar el de pensar, justificado con el argumento de que pensar nos lleva a discusiones estériles, incluso inútiles. Obsesionados en la gestión y la obtención de recursos económicos, afloran unas formas de competitividad desconocidas por patológicas y que se reflejan en la obtención de unos objetivos, que llevan a climas laborales en los que todos desconfían de todos, sólo prosperaran los que están perfectamente alineados con la organización, se evita cualquier atisbo de iniciativa o autonomía, siendo un objetivo prioritario copiar o imitar, lo mejor posible, a los líderes reconocidos. Lo resumiría con  el dicho popular: “aquí, todo el mundo va  a lo suyo…menos yo….que voy a lo mío”.

 

Tanta actividad, tan poco empática, nos impide darnos cuenta que, en la universidad, los profesores dependen de los alumnos quienes, a su vez, dependen de los profesores. Por otro lado, la universidad produce universitarios y profesores que, a su vez, “producen universidad. Con escasa visión y corto horizonte, no podemos percibir que la universidad tiene sentido porque hay alumnos y no sólo porque únicamente haya profesores, al igual que un hospital tiene sentido porque hay enfermos y no sólo porque haya médicos. Y siempre por este orden.

 

2.1.-Alternativa: retomar el  significado de educar

Necesitaríamos un tratamiento radical, no tanto en el sentido traumático o quirúrgico, sino de tratar la raíz del problema. Es necesario repensar sobre el sentido y el valor de educar en la universidad.

 

Entiendo que educar es –siempre ha sido, pero sobre todo hoy–  el  reto de nuestro tiempo, utopía de una profesión, la de docente, por lo tanto me reafirmo en  el concepto cooperativo de la educación, más que el competitivo.

 

Cuando los docentes cooperan, colaboran, se solidarizan en la enseñanza, hacen posible que los alumnos vislumbren que educarse y crecer en plenitud intelectual es algo más que un estado de contento o satisfacción. Saber más y mejor es un estado de crecimiento permanente,  felicidad, en el sentido de “ser fértil” y fecundo, más que el de ser afortunado, o colmado de suerte y  fortuna. Como dice el aforismo atribuido a Confucio “Dímelo y lo olvidaré. Muéstramelo y lo recordaré. Implícame y lo entenderé. Apártate y actuaré”.

 

Esto sólo es posible si el profesor lo hace de acuerdo a lo que es y no tanto por lo que cree ser, debe ser, ven los demás que es, o aparenta ser. Ser profesor, maestro, conlleva la responsabilidad de la autocrítica, llevar en su ser el proyecto de “querer ser”, vivir el compromiso, cada nuevo curso un nuevo reto, en  palabras de D.  Jacinto Benavente: “el hecho de que nos consideren mejor de lo que somos, nos obliga a serlo”.

 

Es entonces cuando es posible  la utopía, palabra que deja de significar algo irrealizable, acaso una quimera, -no es así- sino que se interpreta entonces como u-topos, “en otro lugar”. Ofrecemos a nuestros alumnos un proyecto (el de saber), que todavía no tiene lugar. Nuestro trabajo docente, riguroso y honesto, pone de manifiesto, enseguida, cuál es la distancia entre quien es nuestro alumno hoy y quien está llamado a ser, distancia que el profesor convierte en cauce y camino. Nuestro compromiso docente, alumbra no sólo con las luces de la razón sino con el brillo de la ilusión y la esperanza. Es el tiempo de la cooperación y la educación lenta para que sea profunda.

 

La docencia es entonces vocación, -llamada-que permite ver y compartir con nuestro pupilo como la vida se tensa, brota el sentido existencial, nace la responsabilidad como deseo de responder y el crecimiento de la persona en fortaleza, virtud que vive y aflora entre el miedo y la temeridad. Se van tomando las riendas de la vida, conociendo los límites y diferenciado las voces de los ecos. Finalmente, le ves capaz de transformar la realidad de su tiempo. Todo este edificio se ha construido en la parcela de la humildad,  con  los ladrillos del tiempo y el cemento de la paciencia.

 

No debemos olvidar que, en el colegio y la universidad, llegamos a ser personas, no tanto porque comenzamos siendo un “yo maduro“ y consolidado, sino que antes fuimos un “tu” para nuestros padres, hermanos, profesores, amigos. Fui un “tu” primero para ellos, me transforme en un “nosotros” y al final me di cuenta de quién era “yo”. . Somos pues un dialogo, un encuentro permanente, una comunidad, una “persona de personas”, como dijera E. Mounier. Con este enfoque, lento y sereno, no podrán desaparecer los pilares de nuestra humanidad, el amor, la confianza y la esperanza, a fin de ser mejores personas.

 

Acepto y comparto con el profesor X.M. Domínguez Prieto[25] que educar no es  sólo “educare”, nutrir y alimentar para crecer, sino también es “educere”, que significa extraer, sacar a la luz, actualizar lo que hay en cada uno.

 

Educar es también comunicar, en el sentido de “salir de sí…”y tratar al otro como un ser valioso, escucharle, guardar silencio a veces, ver como experimenta, a tientas, y queda afectado por la realidad de su tiempo,  hasta que descubre la manera de caminar y orientarse, porque vivir tiene mucho que ver con elegir.

 

No olvidemos que ello debe hacerse con la delicadeza que determina la Autoridad del maestro, esa autoridad que es “augeo”, que aupa al otro y es “auxi” que ayuda, y auxilia. Entonces la autoridad es verdadera “auctoritas”, la que será siempre “públicamente reconocida”. Es entonces cuando el maestro, profesor, en la clase, el aula o el laboratorio, enseña, -dictará la lección haciendo suyas  las palabras de Agustín de Hipona (De Trinitate I, 3):

“… Ojalá que el que esto leyere, si comparte mis convicciones conmigo avance, si conmigo vacila, conmigo busque, si un error suyo reconoce, me lo confiese, si el error es mío, hágamelo saber….”

 

El profesor universitario debe vivir de sí y no tanto a expensas del rol académico. Sólo entonces transmite y testimonia acerca de la responsabilidad y el gozo de conocer. Muchas universidades, en sus estrategias de  marketing, usan la expresión “enseñanza personalizada”, para captar alumnos y recursos. Quizá no han tenido tiempo de pensar que se están refiriendo a la dimensión más profunda del ser humano, “su personalidad”. Una inadecuada docencia y formación de la persona no sólo tiene que ver con neurosis psíquicas, sino también noogenas, existenciales, que pueden desencadenar el síndrome de “la ausencia de sentido”. La educación personalizante ilusiona, compromete, restaura el sentido, diferencia las voces de los ecos de la vida.

 

3.- Crisis  en  la relación universidad y sociedad. Alternativa, innovar.-

El informe de la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYP 2012) puso de manifiesto  el efecto de la crisis económica en los presupuestos de la universidad y como los ingresos no financieros disminuyeron un 7.8%.

 

La crisis determinó en 2011 una caída en I+D en nuestro país de  0.6 puntos porcentuales por debajo de los países de la UE (la UE de los 27) y de 0.75 puntos de la UE de los 15.

 

La evolución expansiva del personal universitario, que tuvimos entre 2001-2008, con un aumento del 8.7%, se desacelera entre 2009-2011 con un crecimiento de un 0.6% para luego decrecer más en 2011. Por lo tanto, el personal dedicado a la I+D cayó un 3% en 2011 respecto de 2010 (se situó en 215.079 empleados equivalentes a una jornada completa).

 

El mismo informe CYP pone de manifiesto la importancia de la universidad en el desarrollo de nuestro país  y recoge aspectos  como:

  • La universidad tiene un papel fundamental en la economía del conocimiento, a través de la transferencia de tecnología al sistema productivo y de la formación de capital humano, mejorando así la productividad y competitividad de la economía española.
  • La universidad contribuye, de forma relevante, al crecimiento y bienestar económico y social pero, a raíz de la crisis económica, se ha producido una reducción del nivel de mejora y, por lo tanto, claros retrocesos en la competitividad internacional de las universidades y la dotación de infraestructuras destinadas al desarrollo de la ciencia la tecnología y, por ello, a la transferencia de conocimiento. Se ha reducido también el interés y la importancia que las políticas públicas otorgan y dirigen al sistema universitario.
  • Se ha producido también una caída en el liderazgo de las instituciones universitarias así como en su producción científica; se está produciendo un desequilibrio entre la cantidad y la calidad de la oferta universitaria[26].

 

Hoy estamos cruzando el dintel de la sociedad del conocimiento, tenemos la necesidad y la demanda generacional de transmitir este conocimiento con sentido y, si es posible, con “sentido común”. Para ello hemos de identificar el contexto social y circunstancias históricas  en el que la universidad está presente, algunas de ellas son:

– El paso por la universidad ha dejado de ser una garantía de empleo.

-Hemos pasado de una economía real y productiva a otra que es virtual y financiera. Esta transformación del mundo está creando incertidumbre y angustia. Partimos de unas formas de convivencia que se encuentran concentradas en las tecno-estructuras del estado, el mercado y las tecnologías de la comunicación que, en buena medida, nos ayudan, pero también nos atrapan.

-La universidad vive tiempos de desconcierto, lo que determina insatisfacción y frustración en el potencial humano, docente e investigador,  carente de ilusión y con certezas sobre la “pérdida del sentido” universitario.

-En la universidad se detecta, incluso prevalece, la ausencia del pensamiento crítico, pilar de la tarea educativa. Hoy se privilegia la acción sobre el pensamiento, pensar se ha convertido en un lujo decadente e inútil que produce sólo pérdida de tiempo, eficacia y competitividad, con la consiguiente caída de liderazgo (leadership). Las universidades están dejando de ser el sismógrafo de la realidad social  en la que habitan.

-La  universidad se ha vuelto a replegar sobre sí misma perdiendo la comunicación con la sociedad que la sustenta. Para Argullol[27] se debe a la existencia de: “un nuevo anti intelectualismo que se ha asentado en la vida política y social del siglo XXI. Se detecta en la universidad la existencia de cobardía, inseguridad, oportunismo, incluso una pasividad cómplice que permite una forma de populismo, burda tosca y mostrenca[28]”. Antiintelectualismo repleto de  mediocridad y arrogante de su ignorancia, sólo se desea el consumo inmediato del saber, sin saborear, sin la presencia del  gozo de conocer. Parece que únicamente interesa aparentar, para que a manera de disfraz social, permita sobrevivir. Nos preguntamos hoy dónde está la universidad ante los conflictos civiles, de derechos o las crisis sociales o de valores. ¿Dónde está el universitario? Podríamos contestar: “no ha venido ni se le espera”. Incluso llegamos a pensar que es mejor que no venga porque puede aflorar el egoísmo, confusión, desinformación  y soberbia, capaz de confundirlo todo, incluso complicarlo mucho mas

-Se plantea la duda sobre si la universidad es realmente sede del conocimiento, “las neuronas de la sociedad”, el sismógrafo de la realidad social, ya que impulsada por las cuatro grandes fuerzas, ciencia, técnica, economía y beneficio, forma a los expertos del mañana para integrarlos en el mercado laboral. Son especialistas de pensamiento compartimentado, que rompen el puzzle de la complejidad en fragmentos que luego no pueden encajar, falta abstracción, elaboración de conceptos y capacidad de asumir compromisos más allá de los protocolos, pues están  cargados de una complejidad tal que les impide ver el sentido. La universidad y sus líderes no están siendo capaces de abordar y comprender este nivel de complejidad, y las condiciones en las que ocurre, buscando de forma constante justificaciones a una situación que es realmente nueva. Identificar la realidad de nuestro tiempo implica conjugar el verbo comprender junto a la palabra responsabilidad, ya que estamos delante del fin de una universidad, un tipo de universidad y no tanto el “fin de la universidad”, como a veces se pretende hacer ver. Como dice Edgar Morin: “El conocimiento pertinente es capaz de situar cualquier información en su contexto, y si es posible en el conjunto en el que se inscribe. De la misma manera necesitamos concebir simultáneamente la retroacción, una especie de fenómeno en bucle en el que el propio efecto interviene en la causa y la recursión, un proceso donde los efectos  y los productos son necesarios a su “propia producción y causa”.

-Para algunos es necesario desarrollar lo que denominan una adecuada “ecología[29] de la acción”. Es decir, reconocer que cualquier acción, una vez lanzada, interactúa y tiene retroacciones que la pueden derivar de sus fines, incluso con un resultado opuesto al esperado, en este caso podría servirnos como ejemplo algunas de las acciones tomadas en el marco de la Declaración de Bolonia y en el marco de la nueva realidad que es el Espacio Europeo de Educación Superior. Las consecuencias últimas de nuestras acciones son impredecibles ya que incluyen a los actores que las ejecutan y el medio en el que se encuentran. Podemos considerar como ejemplo la selección de temas de investigación, acorde con las directivas de la National Science Foundation de los Estados unidos publicadas en 2002, cuyo titulo general era : “Nanotecnologías, biotecnologías, tecnologías de la información y ciencias cognitivas: tecnologías convergentes para mejorar el rendimiento humano”[30]. En este sentido podemos considerar algunos párrafos del documento que marcan el sentido y orientaciones de la investigación que interesa:

“Nos encontramos en el umbral de un nuevo renacimiento de las ciencias y de la tecnología, basado en una comprensión global de la estructura y el comportamiento de la materia, desde la escala nanométrica hasta el sistema más complejo que haya existido nunca: el cerebro humano (…). Avanzar rápidamente en estas tecnologías convergentes permite desarrollar el potencial que permitirá incrementar simultáneamente el rendimiento humano y la productividad de la unción. He aquí algunos de los ejemplos de los beneficios que podemos esperar: una mayor eficacia a la hora de trabajar y aprender, un aumento de las capacidades sensoriales y cognitivas del individuo, nuevos métodos de fabricación de productos radicalmente innovadores, cambios revolucionarios en el ámbito de los cuidados médicos  que mejorarán a la vez su eficacia individual  y social, puesta a punto de tecnologías de comunicación altamente eficaces, como la interacción directa de cerebro a cerebro, el perfeccionamiento de las interfaces hombre-máquina, incluyendo la ingeniería neuronal para las necesidades industriales impersonales, el refuerzo de las capacidades humanas para la defensa nacional, los medios de alcanzar el desarrollo sostenible a través de instrumentos NBCI (nano-bio-info-cogno) y, finalmente, la posibilidad de ralentizar la decadencia física y mental de la personas mayores (…)” .

 

Los rankings universitarios son favorecedores de las incertidumbres, ambigüedad y ambivalencia, que padece la universidad. Parece que estos rankings contextualizan el estatus y nivel intelectual de la universidad o acaso sólo sirven para hacer un marketing acorde con las necesidades sociales y la clientela, “el target”. Inicialmente surgieron para orientar a los estudiantes en su elección universitaria, para informar a los gestores universitarios acerca de sus fortalezas y debilidades, incluso para, a partir de ellos ,corregir y promover diferentes políticas educativas de carácter estratégico. En mi opinión los rankings no miden adecuadamente la capacidad educativa de la universidad, una de sus  misiones fundamentales, están orientados a medir otros elementos[31], sirvan como ejemplo los utilizados en la confección del ranking de Shangai:

  • La calidad de la educación se relaciona con el número de alumnos de la institución universitaria que han ganado un premio Nobel o medalla de reconocido prestigio en su campo.
  • La calidad del personal se evalúa con indicadores como el número de personas de la institución que ha ganado un premio Nobel o medalla de reconocido prestigio en su especialidad o área e conocimiento.
  • La producción científica por el número de artículos publicados en Nature o Science, así como los indexados en SCI o SSCI
  • El criterio de tamaño de la institución se relaciona con el rendimiento académico.

Como refiere el Profesor Delgado López-Cózar, los rankings universitarios precisan  ser sometidos a un cierto grado de desconfianza, mientras no se haga una valoración detallada de su nivel de transparencia, fuentes fidedignas y metodología, capaces de comparar solo que “es comparable”, pero sobre todo conocer lo que no han evaluado ni medido, así como cuál es su finalidad y sentido.

 

3.1.- Alternativa: la innovación.-

Ante esta crisis de relación universidad-sociedad, me atrevo a proponer que es y será la innovación una de las piezas claves para superarla.

Innovar  no es el resultado exclusivo de la curiosidad intelectual, o de las exigencias pragmáticas de nuestro tiempo, para presentar “cosas bonitas y atractivas”. La innovación tiene que ver con el hallazgo de lo nuevo, con la fuerza que impulsa y orienta el progreso pero, sobre todo, tiene que ver con el amor a la verdad. In- novar, en la acepción de mejorar algo desde dentro, tanto,  que parece nuevo.

 

Por eso para buscar lo nuevo se necesita de lo anterior,  no puede surgir al margen de la herencia recibida, del trabajo de otros. Tiene que ver pues con actualizar la palabra tradición. Como dijera Shiller: “vive tu siglo, pero no dejes que te convierta en su criatura”. La tradición (la traditio, lo que se entrega) verdadera es aquella que se renueva, que acepta la innovación y todos sus riesgos, hasta convertirse en soporte de la misma. La falsa tradición se paró en el tiempo, en una especie de corte temporal, que aprovecha para mitificarlo y así sobrevivir[32].

 

La innovación[33] de descubrir lo inédito, amar la verdad, es más fuerte incluso que la voluntad de poder. La innovación universitaria es la única forma mediante la cual podrá ser ella misma porque da lugar a ser el hogar de la conversación y no sólo de la discusión, el dialogo culto y educado. Refiere el profesor A. Llano que entonces la universidad será, la casa del lenguaje y la palabra, capaz de recuperar las lealtades que defendemos y argumentar el deseo de conocer lo nuestro, abandonando el consumo de sucedáneos como son la inactividad y la indiferencia disfrazadas de neutralidad e indiferencia. Cuando falta la innovación universitaria, surgen humedades y crecen algunos hongos como el academicismo rancio, la sabiduría orgullosa y hueca y la irrelevancia social.

 

Para ejercer la innovación, no solo basta con comprenderlo, hay que creérselo, creer, como una nueva forma de conocer,  los fines y el sentido de la universidad. Los fines no son los medios, si los confundimos, sólo transmitimos que innovar es únicamente cambiar “los muebles de sitio”.

 

La misión de la universidad y su finalidad es decir y hacer cosas importantes, porque importan y que son valiosas porque tienen valor, es decir, recuperan y actualizan los valores que la sociedad precisa. No olvidemos que las cosas con verdadero valor, no tienen precio, hoy en cambio parece lo que no tiene precio tampoco tiene valor.

 

Es la innovación la que nutre y enriquece la cultura entendida como la capacidad de reflexionar sobre uno mismo, la que nos hace humanos, racionales, críticos y comprometidos, capaces de  discernir valores y tomar conciencia de que somos un proyecto inacabado que pone en cuestión sus realizaciones, buscando nuevos significados y creando obras que nos trascienden[34].

 

Conclusiones.-

1.- Es el tiempo de pensar,- otra vez-, para solventar la crisis universitaria que padecemos.Antonio Gramsci dice que una crisis: “se produce en el tránsito en el que el viejo mundo tarda en desaparecer y el nuevo tarda en nacer”, cae la noche sin llegar todavía la luz del día”. Es una situación de claro-obscuro. Ante la crisis y con un criterio apocalíptico no sabemos bien si estamos delante de una catástrofe o ante una nueva revelación. Pero lo cierto es que las crisis universitarias son también la expresión de nuestros cambios, acaso mutaciones, mostrando un nuevo fenotipo en cada momento histórico, parece que  estamos en uno de ellos.

 

Usando, quizá de forma inapropiada el titulo de la famosa obra poética de Caballero Bonald: “somos el tiempo que nos queda”, me atrevo a ver con ilusión el futuro. Como dijera T.S. Elliot: “Allí donde el pasado y el presente se dan cita, ese es el tiempo futuro”. Por lo tanto aceptemos la existencia de la crisis pero también que la universidad es “un proyecto permanente”.

 

2.-Si la complejidad implica incertidumbre, solo la esperanza es su bálsamo, junto con la fuerza de la fortaleza, virtud que vive entre el miedo y la temeridad. Desde la “esperanza universitaria”, la incertidumbre puede ser certeza de lo inesperado. Estamos listos para repensar, con clara conciencia y amplitud de miras, intuimos nuevos horizontes y la conciencia de  saber acerca  de la profundidad de lo complejo. Entonces se dibujara el nuevo comienzo, la restauración  y la renovación de la universidad.

 

Como lo real es tan complejo, la presencia de la esperanza puede permitir que ocurra lo improbable, la metamorfosis, que surja la creatividad, no olvidemos que ha sido la presencia de lo improbable quien ha propiciado los grandes avances de la ciencia y el conocimiento.

 

3.-La universidad debe ser en este tiempo que vivimos  el foro y no un foro mas,  de dialogo cultural y científico. Lo debe hacer recuperando los valores del dialogo, discusión y conversación enmarcados en su historia .Actuar juntos,-  sentimiento de pertenencia alumnos y profesores-, y compartir recursos, ocurrirá con educación en valores. Dejar de ser universitarios mudos, egocéntricos y temerosos, capaces de asumir  nuestras responsabilidades, es decir la capacidad de responder que nuestro tiempo nos demanda.

 

Bibliografia.-

Francisco Pérez y Joaquín Aldás. Indicadores sintéticos de las universidades españolas. Ed.  Instituto valenciano de investigaciones económicas. 2015. http://dx.medra.org/10.12842/RANKINGS_SP_ISSUE_2015.

Libero Zuppiroli, La burbuja universitaria. ¿Hay que perseguir ensueño americano?. Ed. Dykinson. Madrid. 2012

Francesc Torralba y Josep M. Esquirol (eds). Perplejidades y paradojas de la vida intelectual. Colección Esprit. Ed. Caparrós. Madrid. 2000

Alejandro Llano, Repensar la universidad. La universidad ante lo nuevo. Ed. Internacionales universitarias. Madrid. 2003

Emilio Delgado Lopez Cózar. Cómo se cocinan los rankings universitarios. Revista de Humanidades. Dendra Médica. Vol 11 nº 1. pag 43-57. Junio 2012.

Salomon, Jean Jacques. Les scientifiques entre pouvoir y savoir. Paris: Edition albin Michel.2006

Ivan Bofarull. El futuro de la educación vinculado a un nuevo modelo productivo en una sociedad e cambios disruptivos. Revista de humanidades. Dendra Médica. Vol 13 nº 2. pag 151-165. Noviembre 2014.

Bordons M y colb. Perfil de actividad científica de las universidades españolas en cuatro áreas temáticas: un enfoque multifactorial. Res Esp Doc Cient. 33(1): pág. 9-33. 2010

Ramiro Diez Lobato. La enseñanza de la medicina en nuestros días. Ars Médica. Revista de humanidades 2007; 1: 69-82

 

Notas.-

[1] Las primeras universidades medievales se fundan en Bolonia en 1088, Paris en 1150 y Oxford en 1167.

[2] “Bolonia la docta”. La carta fundacional de esta universidad medieval data de 1231 mediante la bula Parens Scientiarum del papa Gregorio XI.

[3] Robert Grosseteste (1175-1253), fundador de la Escuela Franciscana de Oxford, tuvo gran influencia en pensadores como Bacon, Scotto y Ockham. Su alumno Roger Bacon (1214-1294) describe el método científico como un ciclo repetitivo de observación hipótesis, experimentación y verificación. Alberto Magno, al que se atribuye el descubrimiento del arsénico en 1250 o la elaboración de argumentos sobre la redondez  de la Tierra .

[4] Jacques Le Goff refleja este análisis en su obra Les intellectuels au Moyen Age. Ed. Points. Collection Points Histoire nº 78.2014

[5] Versión castellana de Heriberto Falk. Ed. Marcial Pons. Madrid. 2010

[6] Ver en El Pais. 5/4/2011.

[7] Dante escribe la Divina Comedia en Toscano  y la imprenta se convierte en el mejor promotor y difusor de este nuevo tiempo del conocimiento.

[8] Distinguido, elegante y exquisitamente educado. En el año 1852 se encarga al cardenal Newman (1801-1890), que había sido presbítero anglicano antes de convertirse al catolicismo, crear la Universidad Católica de Dublín, proyecto que no llegó a desarrollarse, pero que permitió poner de manifiesto el concepto de universidad para este cardenal y que consistía en formar una élite de hombres dotados de una preparación general  y una determinada actitud ante la vida:  La actitud del gentleman: “ una universidad no es ni un convento ni un seminario, es el lugar donde se preparan los hombres del mundo para el mundo” .Ver en: la Universidad a través del tiempo de Galo Gómez Oyarzún . Universidad Iberoamericana. México 1998

[9] Ver artículo de Ignacio Sotelo sobre: Universidad de asignaturas o de titularidades.

El País. Opinión. 9 de Abril de 2005.

[10] El congresista por Vermont Justin Morril consiguió que Abraham Lincoln firmara una ley denominada de  Colegio, Tierra y  Concesión, para ayudar a los estados en la creación de colegios y universidades relacionadas con actividades vinculadas a la agricultura, ingeniería y ciencia militar; en 1890 se aprobaría una segunda ley Morril dirigida a los estados confederados. Son algunos ejemplos la universidad del Estado de Michigan, el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) o la universidad de California

[11] Ver en Bock Derek. Universities in the Markeplatte. The commercialization of Higher Education; Princeton. N. J: Princeton University Press, 2005 o también en Taylor, Marc. Crisis on campus. A bold Plan for Reforming our Colleges and Universities, New York: Alfred Kopf, 2010.

[12] Conferencia pronunciada en la Universidad Complutense sobre Democracia y Universidad. Foro Complutense celebrado en Mayo 2010.

[13] En el ámbito de la investigación biomédica, me permito reflexionar sobre esta cuestión: la investigación científica se fundamenta en la observación sistemática de fenómenos naturales y supone el descubrimiento de una ley natural hasta ese momento desconocida. Una ley que por evidencia lógica se conforma en un saber. La acumulación de hallazgos o saberes, relacionados entre sí y ordenados, convierte la Ciencia en un cuerpo de conocimientos sistematizados en el que, para conocer más, ha de investigarse más y para indagar más acerca de algo, ha de superarse el concepto de observación natural. De esta manera y conforme a esta necesidad investigadora, la técnica se introduce en el método científico y los productos técnicos; ya sean bienes, servicios, métodos o procesos; procuran y permiten el descubrimiento de nuevos conocimientos que sólo pueden ser “observados” (en la actividad investigadora) mediante la aplicación de técnicas. Surge así una dependencia entre Ciencia y Técnica. Dependencia, que se define por el hecho de que para conocer y descubrir nuevos saberes, han de inventarse procedimientos técnicos; y para inventar métodos técnicos, ha de adquirirse un conocimiento racional previo. Esta realidad científico-técnica o técnico-científica ha supuesto la esperada superación de la “observación” y, en consecuencia, ha posibilitado dar continuidad a la trayectoria progresista del conocimiento científico, pues ha permitido la adquisición de nuevos conocimientos, imposibles de alcanzar sin la incorporación de técnicas al método científico de la investigación. Esta superación comporta una nueva forma de conocer caracterizada por el acto de ceder a la invención un lugar en el método científico. Por eso se ha abierto camino el concepto de tecnociencia que refiere la Enciclopedia de Bioderecho y Bioética. tomo II. Ed. Cátedra Interuniversitaria de Derecho y Genoma Humano. Fundación BBVA. Universidad de Deusto. 2011: “(…) lo distintivo de la tecnociencia es crear o modificar entidades, hacer emerger nuevas realidades dejando atrás la escisión entre ciencia básica y aplicación posterior (…) tiene impacto en la vida cotidiana.

[14] Habíamos comentado su carácter sistémico, cargado de ideas de posesión y codicia.

Hay en esta crisis una pérdida de la simplicidad, entendida como aceptación de nuestros límites, así como, en palabras de Pierre Rabhi (político y filósofo francés, nacido en Argelia en 1938, impulsor de la agroecologia), una pérdida del “arte de la sobriedad”.

[15] La espiral es un símbolo muy antiguo que se inicia en el megalítico, se le atribuye la representación del ciclo nacimiento-muerte-renacimiento. También se ha utilizado para representar el pensamiento cíclico.

[16]Tomo la acepción de esta palabra como la referida al mapa de principios y valores que conforman nuestro comportamiento. Hemos desarrollado un modelo de organización social patológico, acaso insostenible, que asocia una desregulación que llega al borde del desorden, junto con una competitividad total, ajena a ser competente,  lo que nos lleva a un estado de “neurosis de gestión”, creyendo que sólo ella es la solución, sin percibir, como anestesiados, la pérdida de la serenidad necesaria para pensar, crear e innovar y que hemos cambiado por un estado de desmesura y malestar personal, a un estado de infelicidad y comportamiento casi bipolar, viviendo entre la euforia y el pánico, en vez de hacerlo entre el miedo y la temeridad, que sería la fortaleza. Aconsejo la lectura y reflexión sobre el texto de Edgar Morin y Patrick Viveret. “Como vivir en tiempos de crisis”. Ed. Icaria. Barcelona 2011.

[17] A mi juicio, los cambios legislativos universitarios suelen ir detrás de las necesidades, que empezaron antes, surgen para intentar poner orden cuando ya se detectan problemas, pueden ser normas aceptables, bienvenidas o incluso confusas, a veces nacen ya fuera de tiempo. Reflexione el lector sobre la Ley 14/2011 de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación en referencia a la creación y desarrollo del Espacio europeo de la Investigación y el Conocimiento, la creación de la Agencia Estatal de investigación o el Sistema Español de Ciencia Tecnología e Innovación, incluso del Plan Estatal de Innovación y la Incentivación del Patrocinio y el Mecenazgo, para llegar a una economía basada en el conocimiento y la innovación.

[18] Podemos utilizar como ejemplo, el proyecto de la conferencia de decanos de facultades de medicina que propone, como innovación educativa relevante, que el último curso de la carrera de medicina sea de rotación por los servicios clínicos del hospital, liberado de asignaturas teóricas; una especie de curso MIR-0, que determina un continuo educativo entre grado y postgrado. Se pretende capacitar a los alumnos para la adquisición de competencias clínicas básicas (recogiendo también las indicaciones de la orden ECI/332/2008 sobre la forma de impartir prácticas pre-profesionales). Todo ello sería evaluado por una ECOE (Evaluación Clínica Objetiva Estructurada) de 20 estaciones de trabajo en las que, además de competencias técnicas, se evalúa la comunicación asistencial, el razonamiento clínico, la gestión clínica y el juicio crítico. Me pregunto por qué estas ideas no pueden ser exportables, asumiendo las diferencias, matices y diversidad, en otras áreas de conocimiento fuera del marco de las ciencias de la salud. Quizá entre las cuestiones a resolver está la pregunta ¿quién evalúa al evaluador?

[19] Ronald M. Hardem es el director del Centro de Educación Médica de la Universidad de Dundee (Escocia) y referencia internacional sobre metodologías docentes en medicina y ciencias de la salud. Ver publicaciones del autor en http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1365-2923.1986.tb01379.x/abstract.

[20] Es distinto de aprender, que significa adquirir el conocimiento de alguna cosa o retener en la memoria.

[21] La vida intelectual como ideal. M. García -Baró. Perplejidades y paradojas de la vida intelectual . Pag  12. Ed. Caparrós 2000.

[22] En el caso de los Estados Unidos  o de las mejores universidades y centros de investigación europeos (caso del EPFL) no es raro que se “fichen” a los mejores profesores tipo NFMM y, con la importante oferta económica se incluya también como atractivo de contratación la práctica del “spousal accomodation package”, para reclutar también al cónyuge, o también ofreciendo también otras compensaciones como planes de pensiones o escolarización de los hijos. De la misma forma, se desarrollan estrategias para atraer y seleccionar a los mejores alumnos a la universidad, si pueden ser superdotados mucho mejor.

[23] Ver en el libro del profesor Libero Zuppiroli: La bulle universitaire. Traducción al español por editorial Dickinson. 2012.

[24] Son las siglas de Networking- Fundraising-Marketing-Management

[25] Ver en su obra Ética del docente. Colección Sinergia. Fundación E. Mounier.2003.

[26] Según el informe CYP en el año 2011-2012 las enseñanzas de grado pasaron de 2382  a 2541 titulaciones y las de masteres oficiales que era de 2668 paso a ser de 3292.

  • [27] Ver su artículo en El País del 5/04/2014, cuarta página. Argumenta también el autor sobre el nuevo antintelectualismo apoyado en la tecnología rampante, una tecnolatría que se sacraliza en “los papers”, el nuevo curriculum, incluso algunas formas de investigación. Todo ello se convierte en tópicos, incluso argumentos mentirosos. Así nos encontramos aparentes publicaciones reflejadas en la prensa para dar “el pego” sobre descubrimientos que aportan falsas expectativas o alimentas discusiones de “tertulias” mediocres. Todo ello frustra la pasión creativa e investigadora. En muchas ocasiones, para obtener una publicación “correcta” socialmente, se recurre al uso obscurantista del lenguaje, que alardea de rigor y que sólo parecen entender unos pocos. Todo ello no es más que un nuevo testimonio de renuncia la creatividad y sus riesgos. El microcosmos de la mediocridad social está siendo determinante, capaz de aprisionar el conocimiento, ha elaborado un conjunto de exigencias, ligadas a los conflictos de intereses, que impiden conocer y reconocer el talante liberal, abierto y critico.

[28] Palabra que  tiene que ver con ignorante, también con tardar mucho en entender o también “sin dueño o propietario conocido, como es el caso de los bienes mostrencos”.

[29] El término ecología , neologismo acuñado por Ernest Haeckel ( 1834-1919) tiene su origen en oikos casa y logos tratado, que también puede traducirse en el sentido de escoger o recoger, el sufijo ia implica acción o cualidad

[30] Converging technologies for Improving Human Perfomance: Nanotechnology, Biotechnology, Information Techonology and Ccognitive Science NSF/DOC sponsored report. National Science Foundation, Arlington Virginia. Junio 2002.

[31] Ver en  “Cómo se cocinan los rankings universitarios. Prof. Emilio Delgado López-Cózar. Dendra Médica. Revista de Humanidades 2012; 11(1): 43-58

[32] Ver en los capítulos “Innovación y tradición”pg25-34 y “ontología de lo nuevo” pg. 107-120 del libro Repensar la Universidad del Profesor Alejandro LLano .Ed Internacionales Universitarias. Madrid. 2003.

[33] Desde el punto de vista de las enseñanzas en ciencias de la salud la innovación es el resultado de lo técnicamente posible y directamente relacionado con lo social y económicamente deseado y aceptado. Existe un aspecto de la innovación en las tecnologías sanitaria por el hecho de incorporar inventos al proceso productivo. Y entendiendo que la innovación puede referirse tanto al producto nuevo (creación) como a la mejora (modificación) de un producto o proceso ya existente, hablaremos de innovación cuando se trate de algo técnicamente posible y que el medio ambiente acepte o requiera, teniendo en cuenta las expectativas del consumidor/paciente, las condiciones financieras, administrativas, políticas y culturales entre otras. En este sentido el proyecto PUBLIN define la innovación como: “cualquier cambio intencionado en el comportamiento a cualquier nivel de una organización, que supone la provisión nueva o mejorada de un servicio, procedimiento, tecnología o herramienta administrativa”. (Ver en “Innovation in the Public Sector, PUBLIN”. Financiado por la Comisión Europea, V Programa Marco (SERD-2002-00171). Disponible en http://www.step.no/publin/reports.html).

[34] Ver declaración de Mexico. UNESCO 1982