Gregorio Marañón es una figura privilegiada para conocer y comprender conceptos tan relevantes como el de ser médico humanista, investigador, escritor y ensayista. Su biografía, comprometida con su tiempo, es clave para comprender la historia de la cultura española que le corresponde vivir. En palabras del historiador J.P. Fussi:

 

…Marañón fue ante todo un acontecimiento… un hecho histórico… que se cimentó, en su talento profesional y en su prodigiosa capacidad de trabajo…

 

…un hombre de porte señorial, generoso, cordial, ejemplar, carente de vanidad y arrogancia y dotado de un extraordinario sentido de la amistad, y un médico de excepcional capacidad de influencia sobre los enfermos… Marañón representó la irrupción social en el país de la nueva medicina española.

 

Su figura es pues, cumbre y síntesis para abordar los nuevos avances y el ejercicio profesional de la nueva  medicina del siglo XXI

 

ANOTACIONES SOBRE MARAÑÓN

 Nota biográfica breve

 

El 19 de Mayo de 1887, nacen Gregorio y Luis, gemelos. Luis, fallecería.

 

En 1957, en El Cigarral, a los postres, se queda adormilado… Le vuelve a ocurrir en Valladolid, días después, en el congreso de endocrinología. Son periodos como de semiinconsciencia. Se recupera parcialmente y sigue activo.

 

En  1958  inaugura el Centro de Investigaciones Biológicas  y es elegido presidente. Doctor Honoris Causa por la Universidad de Coimbra en 1959

 

En el  homenaje de la Real Academia a D. Ramón Menéndez Pidal con motivo de su 90 cumpleaños, hace un discurso sobre la jubilación y la muerte.

 

Recibe el homenaje de sus colegas franceses al cumplir sus bodas de oro en el ejercicio de la medicina, dando la conferencia titulada “lo que ha pasado de la plata al oro” en la que se refiere a Cajal y el nacimiento de la medicina científica así como a la socialización de la medicina

 

En 1960 se incrementan sus problemas de salud. El 18 de febrero asiste a la sesión de la Real Academia de la Lengua, “su reunión predilecta” en palabras de su amigo D.  Ramón Menéndez Pidal  [1].

 

Después de haber cenado con su familia, comenta que ha recibido un libro de Azorín que tenía muchas ganas de leer, se acostó y ya no se despertó, era el  27 de marzo de 1960, tenía 72 años.

Su producción científica [2].

 

  • 125 libros
  • 800 artículos
  • 250 prólogos
  • 32 monografías médicas
  • 056 artículos científicos

 

Algunos acontecimientos  de su tiempo

 

Desde finales del siglo XIX, los trabajos de Claude Bernard y de Brown Sequard, incluso de Addison en 1855, iban poniendo de manifiesto la existencia de una nueva forma de entender la fisiología humana y, como consecuencia, el mecanismo fisiopatológico de la enfermedad. La doctrina de las “secreciones internas” iba cobrando forma, entre críticas, dudas, errores  y aciertos [3]. Se estaba abriendo paso un área de conocimiento médico nueva, la endocrinología. Marañón afronta este nuevo tiempo de la medicina con una reflexión llena de sabiduría:

 

 … Porque el progreso científico no corre continuamente como un río hacia el mar, sino que avanza como las mareas, con flujos y reflujos igualmente precisos para que, al fin, las aguas lleguen a donde deben llegar… Es cierto que en la Endocrinología no todo era hojarasca… sino que debajo de un aluvión de datos… se mantenía enhiesto el armazón de hechos inamovibles, que dan a la Endocrinología una beligerancia paralela a de cualquiera de los demás capítulos de la Medicina Interna. (Marañón 1925)

 

Desde finales del XIX, fue muy relevante, la repercusión del evolucionismo sobre el concepto del cuerpo humano. Conocer la autonomía del cuerpo es primordial “la antropotomía”. El organismo humano no está aislado -se decía- es el final de una serie de acontecimientos biológicos (lo ponían de manifiesto la ontogenia y la anatomía comparada), no hay mucha distancia anatómica entre el hombre y el animal (aunque la haya en el terreno psíquico), incluso hay grandes coincidencias. Todo ello estaba vinculado al avance sobre los conocimientos del desarrollo humano y la embriología. La anatomía no podía limitarse a la mera descripción.

 

Estamos ante la novedad del siglo XX, lo que denomina Laín Entralgo “anatomía de la recapitulación”. La mejor referencia es el Tratado Anatómico de Herman Graus, que comenzó en 1920. “la anatomía del cadáver es solo un medio”- dice – para llegar a una nueva y más profunda comprensión racional de nuestro cuerpo. Es una “totalidad viviente”, correlación de partes orgánicas, relación entre función, estructura y morfología. Se hace necesario “recapitular” las aportaciones de todas las disciplinas morfológicas, integrarlas. Graus influyó mucho en Alfred Benninghoff, cuyo Manual de Anatomía, publicado en 1936, recoge todos estos conceptos, que llegan hasta nuestros días. La anatomía de la recapitulación es el origen conceptual de la anatomía clínica que llevará a los estudios de ecografía, anatomía radiológica, o de resonancia nuclear magnética, considera el cuerpo humano y al paciente como una unidad integral.

 

Algunas noticias de su tiempo

 

-1908.- Hardy y Weinberg establecen las bases matemáticas de la denominada, genética de poblaciones, que permitiría profundizar sobre nuestra gran variabilidad biológica.

Somos tan “biodiversos”, como únicos e irrepetibles.

 

-1911.- Fallece Francis Galton, primo de Darwin, que en 1883 había iniciado el

Movimiento Eugenésico.

 

-1914.- El juez norteamericano B. Cardozo, en la sentencia del caso Schloendorf v.

Society of New York Hospitals, se pronuncia de forma rotunda a favor del derecho de autodeterminación de los pacientes. En 1915 Marañón publica su obra: “La doctrina de las secreciones internas. Su significación biológica y sus aplicaciones a la clínica” y en 1919 “La edad crítica”.

 

-1920.- Comienzan a inaugurarse en Europa los primeros hospitales modernos y se diagnostican los signos típicos del infarto de miocardio en un nuevo aparato llamado electrocardiógrafo. Casi al mismo tiempo el psiquiatra Alfred Hoche y el jurista Kart

Binding publican su famoso libro “Vía libre a la destrucción de las vidas que no merecen ser vividas”, cuya particular interpretación justificaría buena parte del discurso nazi posterior junto con la obra de Baur, Ficher y Lenz sobre “Los principios de la herencia humana e higiene racial”. Unos años después, Martin Buber publica su famoso libro “Yo y Tú” y en 1926 se inicia la producción industrial de la insulina.

Marañón publica en ese mismo año “Gordos y flacos” y “Tres ensayos sobre la vida sexual”. En 1927 publica “Los estados prediabéticos”, dos años después “Amor Conveniencia y Eugenesia”, en  1930 su libro de Endocrinología y en 1937 “El Climaterio de la mujer y del hombre”.

En la década de 1930 también publica: “Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo” (1930). “Amiel. Un estudio sobre la timidez” (1932), “Raíz y decoro de España” (1933), “Las ideas biológicas del Padre Feijoo” (1934), “España y la historia de América” (1935), “El Conde Duque de Olivares. La pasión de mandar” (1936), “Tiberio. Historia de un resentimiento” (1939) y “Don Juan. Ensayo sobre el origen de su leyenda” (1940).

 

-1939.- Hitler autoriza el programa Aktion T.4 que permitía practicar la eutanasia a los niños menores de 3 años con defectos congénitos, luego se ampliaría a los menores de 17 años, e incluso en 1943 a los niños sanos judíos, enfermos incurables y psicópatas. Un año después comienza la producción industrial de la penicilina, descubierta en 1928, y los tratamientos de la tuberculosis con estreptomicina. Por aquella época, la cardióloga Taussing y el cirujano Blalok comienzan a tratar algunas cardiopatías congénitas, conocidas vulgarmente como “niños azules”. No podemos olvidar que en ese entorno J. P. Sartre publica “El Ser y la Nada” y Zubiri “Naturaleza, Historia y Dios”. Marañón publica en 1940 los “Estudios sobre fisiopatología hipofisaria”, en 1942 “La alimentación y regímenes alimentarios”, culminando en 1946 con su obra “Manual de diagnóstico etiológico”. Sus estudios históricos de esta época se reflejan en publicaciones como: “Vida e Historia” (1941), “Elogio y nostalgia de Toledo” (1941), “Luis Vives. Un español fuera de España” (1942) y “Antonio Pérez. El hombre el drama y la época” (1947).

 

1948.-Se promulga el Código de Nuremberg, como respuesta a la experimentación con seres humanos, y se introduce el concepto del “consentimiento voluntario”. Dos años después se comienzan a tratar a los enfermos mentales con psicofármacos por Delay y

Deniker, mientras la epidemia de poliomielitis en Dinamarca obliga la creación de las primeras unidades de cuidados intensivos y surgen los conflictos morales que se derivan del mantenimiento artificial de la vida. Se publica también la obra “Ëtica” de Dietrich Bonhoeffer.

 

1953.- Nace la Biología Molecular, Watson y Crick publican la estructura del ADN. Se obtiene la vacuna de la poliomielitis y se comienzan a realizar los primeros cateterismos con sondas de plástico. Se inician las técnicas de circulación extracorpórea, se sintetiza la hidrocortisona que revoluciona los tratamientos médicos de entonces. Se aprueba en Sao Paulo el Código Internacional de Ética de la Enfermería.

 

Marañón había publicado en 1951 su libro sobre el Marqués de Valdecilla y en 1955 escribe: “Fisiopatología y Clínica Endocrinas”.

 

1957.- El fisiólogo norteamericano Skeggs inventa el primer autoanalizador para análisis bioquímicos y un año después el hematólogo J. Dausset describe el sistema de histocompatibilidad (HLA), revolucionando las posibilidades de los trasplantes de órganos. Marañón publica “El Greco y Toledo”.

 

1960.- Fallece D. Gregorio Marañón, quien dijera:

 

No soy, ni quiero ser, otra cosa que médico; pero que, por serlo tan entrañablemente, lo quiero ser, aspiro a serlo, en todas sus posibles dimensiones y, por tanto, en la histórica”.

 

Había dejado escrito: “Los tres Vélez, una historia de todos los tiempos” (publicado en 1962) y la “Expulsión y diáspora de los moriscos españoles” (manuscrito inédito encontrado en 1980 y publicado en 2004).

 

En los siguientes años, siguieron ocurriendo acontecimientos médicos y éticos. A manera de ejemplo:

 

1961.-La catástrofe sanitaria derivada del uso de somnífero Contergan (talidomida), determina una gran polémica mundial sobre la investigación clínica y el uso de fármacos. En 1964 se promulga la Declaración de Helsinki relativa a las normas éticas sobre experimentación con seres humanos.

 

1966.-El teólogo protestante Joseph Fletcher publica su famoso libro “Situation

Ethics”, que tanto habría de influir en el tratamiento ético de los problemas biomédicos.

Un año después el Dr. Barnard realiza el primer trasplante de corazón, el Dr. Starzl de hígado y el Dr. Favaloro los primeros by-pass aorto-coronarios. Se identifica el virus responsable de la hepatitis B y la Facultad de Medicina de Hershey en Pennsylvania crea el departamento de Humanidades Médicas e introduce la Ética Médica como asignatura.

 

1968.-El comité de la Universidad de Harvard publica los criterios de muerte cerebral.

El abogado Luis Kutner inicia el desarrollo de los llamados “testamentos vitales”. Dos años más tarde se iniciará un fuerte impulso a los denominados derechos del paciente, tras la publicación por el teólogo protestante Paul Ramsey de su obra “The Patines as

Person”. Al año siguiente, 1971, Paul Berg obtiene la primera molécula de ADN recombinante de un virus. Se inicia así la Ingeniería Genética. Es entonces cuando comienzan a vislumbrarse las posibilidades de la denominada medicina individualizada, estratificada, o personalizada.

 

Sus maestros

Marañón estudia Medicina en la Facultad de San Carlos de Madrid en la promoción 1902-1908, obteniendo premio extraordinario de licenciatura. Antes de finalizar, en 1904, obtiene el premio de la Real Academia de Medicina “Martínez Molina”, con un trabajo titulado “Investigaciones sobre el aparato paratiroideo del hombre”.

De entre sus maestros en la universidad, Marañón destacó en sus escritos y con público reconocimiento a:

 

  • Federico Olóriz en Anatomía, que le abrió las puertas al conocimiento de la endocrinología.

 

  • Santiago Ramón y Cajal, su profesor de histología, que activaría la vocación investigadora de Marañón. Cuenta que conservaba junto a su biblioteca una cabeza de Cajal, fundida en bronce y cuando algún problema le preocupaba y no veía solución, tenía por costumbre acariciar aquella figura, pidiendo inspiración. En un discurso pronunciado en 1934, titulado “Recuerdo de Cajal” dijo:

 

Cajal era un prodigioso maestro, que aunque exponía con una voz un tanto obscura, lo hacía con una claridad del verbo insuperable, y sobre todo, con una arquitectura pedagógica que solo el que después haya tenido  que enseñar, puede apreciar en todo su valor”[4]

 

  • Juan Medinaveitia. De quién fue alumno interno en el Hospital General y le despertó la vocación por la Medicina Interna. Recibió de él la lección del rigor, la seriedad y el gusto por el ejercicio de la medicina. Maestro de la exploración y el diagnóstico, impulsor de las autopsias (… para leer en sentido inverso el libro de la enfermedad…, creando así una escuela de patólogos prácticos que en aquel tiempo suponía una obra de revolución…)

 

  • Manuel Alonso Sañudo. Maestro de patología médica, junto a Medinaveitia, le dejaron en herencia la pasión por la enseñanza.

 

  • Alejandro San Martin profesor de Patología Quirúrgica. Dijo Marañón de él en su discurso en la Real Academia de Ciencias, pronunciado en 1947: “…Cirujano de calidad universal, en el que, sin embargo, se frustró un genial profesor de Fisiología…”. Hombre de gran prestigio, consultor de los médicos de cámara de Alfonso XIII durante su niñez, admirado y respetado que llegó a ser Ministro de Instrucción Pública (con Segismundo Moret). Iniciador de la cirugía vascular.

 

  • Teófilo Hernando, joven médico entonces, que trabaja en la cátedra de Medicina Legal y con el que escribiría su obra “Manual de diagnóstico etiológico

 

Al tiempo que Marañón elabora su curriculum médico, España también elabora el suyo, en el  que Marañón, mas tarde, habría de participar:

 

En su primer curso de Medicina, 1902, cuatro asignaturas, tres notables y un aprobado. (Al tiempo y lejos del aula, el partido republicano, gana las elecciones a Cortes).

 

Segundo curso, 1903-04, Matrícula en Anatomía con Olóriz, Notable en Histología con Cajal (mientras Antonia Maura, conservador, formaba gobierno).

 

Tercer curso, 1904-05, matrícula en Anatomía y jefe de prácticas con Olóriz (ocurre el atentado de Alfonso XIII en París, revueltas estudiantiles en relación con los exámenes del doctorado, crisis del gobierno de Maura y forma nuevo gobierno Marcelo Azcárraga).

 

Cuarto Curso, 1905-06, el peor, tres aprobados: Patología General, Anatomía Patológica, con Cajal, y Terapéutica y Arte de Recetar, con Benito Hernando. Es un año en el que Marañón asiste al Ateneo, se apunta a los miércoles Wagnerianos en el Teatro Real, llega a escribir: “…el brillante expediente académico…supone amoldarse a la mediocridad con que está organizada la enseñanza, aquí y fuera de aquí…”

 

Quinto Curso, 1906-07. Sobresaliente en Obstetricia y Ginecología, aprobado en Anatomía Topográfica y dos notables, Patología General con San Martín y Patología Médica con Alonso Sañudo (mientras, en 1906 Cajal recibe el Premio Nobel de Medicina).

 

Sexto Curso, 1907-08. Notable en Pediatría y Matrículas de Honor en Obstetricia y Ginecología, Patología Médica y Patología Quirúrgica (al tiempo, Marañón había iniciado su diario íntimo y relación con Lolita Moya, su futura esposa. En 1908 fallece Alejandro San Martín, que lega su cuerpo a los estudiantes, y asiste a la autopsia del maestro).

 

Último curso, 1908-09. Sobresaliente en Medicina Legal, matrícula de Honor en Patología Médica, Quirúrgica y en Higiene.

 

Si al empezar la carrera, en palabras del Dr. Lafora: …carecía Marañón de una decidida vocación de médico”, Olóriz ya en 1903 comentaba: ..” promete ser de los mejores alumnos”.

 

En junio de 1909 realiza el examen de licenciatura con la calificación de sobresaliente y Premio Extraordinario. Como todos los veranos marcha a Santander, con la idea de preparar las pruebas de Doctorado, sigue escribiendo artículos en la Revista Clínica de Madrid, redacta alguna crónica periodística como “les études medicaux en Espagne”, publicada en la revista francesa “L´Espagne de Paris”. Es también el tiempo de la guerra de Marruecos, la Semana Trágica de Barcelona, la condena a muerte de Francisco Ferrer, o la caída del gobierno conservador de Antonio Maura.

 

Desde 1910 trabaja como médico, aprueba la convocatoria, en el hospital Provincial de Madrid y en 1911 lee su tesis doctoral “La sangre en los estados tiroideos”, con sobresaliente. Ese mismo año viaja a Alemania, trabaja con Edinger y conoce de cerca el nuevo campo científico de la química biológica. En Frankfurt conoce a Erhrlich  (Nobel en 1908) y a su ayudante, el japonés Dr. Hata, que trabaja con el Salvarsán, nombre comercial de la Arsfenamina, la “bala mágica”, compuesto 606, remedio, entonces, contra la sífilis.

 

Su mirada a la persona

Gregorio Marañón fue el médico español más conocido durante la primea mitad del siglo XX, por su labor médica, científica, compromiso social y humano, luchador contra dos errores fundamentales de su tiempo, y el nuestro, dogmatismo y cientifismo:

 

Dogmatismo.- Pretender que las doctrinas científicas y médicas sean tenidas como verdades absolutas, significa no aceptar que  la medicina es ciencia pero también arte y oficio. El dogmatismo de la ciencia  vinculado a un  tecnicismo acrítico, suele acabar en  “tecnolatría médica”, incluso  como una nueva forma de superstición, las técnicas mal utilizadas que a manera de recetarios dan aparente solución a  problemas que ni tan siquiera se han planteado como tales.

 

Cientifismo.- Lo define como: “… la fe excesiva en todo lo que viene con la etiqueta de ciencia…, o utilizar la ciencia para suscitar la admiración de los papanatas…

“Vale más la claridad que cabe en el hueco de la mano que un río de turbia erudición no criticada”.

 

“Hay muchas formas de no salud que el médico tiene que tratar y cuya etiología no es  ninguna agresión específica, sino la vida misma, pues contra la vida injusta o dura no hay en las farmacias remedio”.

 

“Un hombre de ciencia que solo es hombre de ciencia, como un profesional que solo conoce su profesión, puede ser infinitamente útil en su disciplina; pero, ¡cuidado con él¡ Si no tiene ideas generales más allá de su disciplina, se convertirá en un monstruo de engreimiento y susceptibilidad. Creerá que su obra es el centro del Universo y perderá el contacto generoso con la verdad ajena, y, más aún, con el ajeno error, que es que más enseña si lo sabemos acoger con gesto de humanidad”.

 

Desde la Medicina Interna  llega a la Endocrinología. Le apasionaba esta especialidad, que intuye fundamental para el saber médico del presente y futuro. De manera magistral describe:

 

El significado real del progreso que los estudios endocrinológicos han aportado a la medicina no está en la enorme cantidad de síntomas y síndromes nuevos, sino en el descubrimiento de las hormonas y su papel excitador, inhibidor, regulador de la totalidad de los grandes procesos vitales, que nos han permitido llegar a entrever la base química de la constitución , y por tanto de la herencia, hacia atrás y hacia delante, de los posibles modos de reacción fisiológicos y patológicos del individuo; es decir, por un lado y por otro , de las raíces más finas y expresivas de la personalidad”

 

 

 Notas

[1] Que recibe un correo de Marañón, el día 27 de marzo, que dice: “Mi ausencia a la Academia es quizá el sacrifico que más me cuesta, pero confío en que poco a poco me iré restableciendo y podré volver a sentirme entre ustedes.” (ABC de 29 de marzo de 1960)

[2] Prf. J. P. Fussi. Prólogo de la obra. Gregorio Marañón. Radiografía de un liberal de A. López Vega.2011

 

[3] Marañón recoge buena parte de esos análisis, junto con su experiencia, en la obra: “Problemas actuales de de la doctrina de las secreciones internas” que publica en 1922.

[4] Aunque también discrepó con Cajal sobre la conocida opinión de este acerca de los médicos, como hombres de ciencia: “…se pierden en el desierto de la clínica”, decía Cajal,  mientras que para Marañón la clínica es y debería ser un “oasis fecundo”